El acusado de apuñalar al jefe de la Policía Local de Cazorla dice que lo hizo para defenderse
JAÉN.- El hombre acusado de apuñalar al entonces jefe de la Policía Local de Cazorla el 1 de julio de 2024 ha declarado ante la Audiencia Provincial de Jaén que actuó por miedo, convencido de que su vida corría peligro. «No quería matarlo, quería defenderme porque pensé que mi vida corría peligro», ha afirmado el acusado, de 44 años, quien ha reconocido que en el momento de los hechos oía voces en su cabeza y estaba convencido de que el Estado estaba cometiendo «un genocidio» a través del agua y la alimentación. Los forenses determinaron en su día que actuó fruto de un brote psicótico agravado por el consumo de alcohol y drogas.
Los hechos ocurrieron sobre las 23:30 horas del 1 de julio de 2024 en la Plaza de Santa María de Cazorla, cuando la Policía Local solicitó apoyo para intervenir con una persona que se encontraba en estado «muy alterado y agresivo» en la vía pública. El acusado apuñaló al jefe de la Policía Local con un cuchillo jamonero, causándole una herida en la carótida y otras tres puñaladas en la clavícula y la espalda. Las lesiones, según el Ministerio Fiscal, «hubieran causado la muerte del agente de no ser por la pronta intervención quirúrgica» a la que fue sometido en el Hospital de Úbeda.
La víctima: «Pensé que me había matado»
El exjefe de la Policía Local ha relatado ante el tribunal que el ataque fue «sorpresivo, violento y mortal de necesidad», sin que le diera tiempo a defenderse ni a reaccionar. Tras recibir las dos primeras puñaladas, «pensé, me ha matado, esperaba morirme». Herido y taponándose las heridas con sus propias manos, disparó al aire su arma reglamentaria para disuadir al agresor, convencido de que esa acción le salvó la vida.
Dos años después, el agente asegura seguir arrastrando graves secuelas. «Arrastro un trastorno de estrés crónico. Tengo mucha fobia social y miedo por mi familia», ha declarado, añadiendo que el ataque «le ha truncado la vida en lo personal, lo familiar y lo laboral» y que ha tenido que pasar a segunda actividad en el plano profesional.
Tras apuñalar al agente, el acusado huyó a su vivienda en la Plaza de la Tejera, donde se atrincheró en la azotea lanzando tejas y botellas de vidrio a la vía pública durante horas hasta que la Guardia Civil entró en el inmueble y procedió a su detención. Fue hospitalizado para estabilización psiquiátrica y posteriormente ingresó en prisión, donde permanece desde entonces.
Peticiones de la acusación y la defensa
El Ministerio Fiscal califica los hechos como un delito de asesinato en grado de tentativa y otro de atentado, y solicita 14 años de internamiento en centro psiquiátrico adecuado, o alternativamente libertad vigilada por el mismo periodo. Fija además en 25.000 euros la indemnización para la víctima y en 700 euros la compensación al Ayuntamiento por los daños al chaleco antibala del agente. La acusación particular eleva la petición a 15 años y tres meses e incluye como pena accesoria 30 años de destierro de Cazorla.
La defensa solicita una condena de cinco años de libertad vigilada, argumentando que en el momento de los hechos el acusado padecía «un brote psicótico grave» con «anulación total de sus capacidades cognitivas y volitivas», y destacando su evolución positiva durante su estancia en prisión, donde no ha protagonizado más episodios violentos. El propio acusado ha reconocido que desde octubre de 2024 ha renunciado a la medicación para su patología mental, aunque asegura haber mejorado al dejar el consumo de drogas y alcohol.