Úbeda y Baeza, dos patrimonios de ciudades

Con la colaboración de la Diputación Provincial de Jaén

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Sacra capilla de El Salvador. FOTO: Juan Manzanares
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Son dos joyas. Desde todos los puntos de vista. De manera histórica, arquitectónica, monumental e incluso gastronómica. Úbeda y Baeza, enclavadas en el corazón de la provincia de Jaén, son dos ciudades Patrimonio de la Humanidad desde hace más de 15 años. En concreto, la Plaza Vázquez de Molina de Úbeda, así como la Plaza de Santa María y la Cuesta de San Felipe de Baeza fueron las zonas reconocidas por la UNESCO. Y es que caminar por sus calles implica detenerse en el tiempo en la época del renacimiento. Volver 500 años atrás cuando ambas ciudades florecían por sus cuatro costados dejando auténticas maravillas que han permanecido hasta nuestros tiempos. Es, también, siglos después seguir los pasos de uno de los poetas españoles más grandes de la historia que recorrió las calles de Baeza componiendo, además, algunas de sus obras más conocidas. En Baeza dio clase de francés Antonio Machado, aún permanece el aula donde impartía su cátedra, que ha dejado una huella imborrable en esta localidad.

Úbeda y Baeza están marcadas por dos nombres propios del siglo XVI. El primero de ellos, el arquitecto Andrés de Vandelvia, autor de algunas de las genialidades que posee la provincia no sólo en Úbeda y Baeza, sino, también, en Jaén capital, con la Catedral. Suyas son la Sacra Capilla del Salvador o la capilla de los Benvides en el convento de San Francisco de Baeza que se perdió tras un terremoto. Pero, también, intervino en la majestuosa Catedral de Baeza o en el Hospital de Santiago de Úbeda. Un nombre que viene unido a Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I, y uno de los principales mecenas e impulsor de las obras de Vandelvira. Sin ellos, no se conocería la historia de estas ciudades patrimonio como tal.  Úbeda representaba la arquitectura privada y el poder civil, y Baeza la arquitectura pública y el poder religioso.

Plaza Vázquez De Molina. FOTO: Juan Manzanares
Hospital de Santiago. FOTO: Juan Manzanares

En Úbeda está como punta de lanza la Plaza Vázquez de Molina, donde se halla, entre otras, la Sacra Capilla del Salvador. Es considerada una de las más bellas de toda Europa. Aquí se encuentran los monumentos más destacados del renacimiento, como la Capilla Funeraria del Salvador del Mundo o la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, uno de los templos principales de Úbeda y cuya fachada se levantó aprovechando las antiguas murallas medievales. Su interior destaca porque fue edificado sobre la mezquita de la Úbeda islámica siendo relevante debido a su superposición de estilos, que irían desde el siglo XIII hasta el siglo XIX. El Palacio de Juan Vázquez de Molina alberga el ayuntamiento, y el del Deán Ortega es un lugar ideal donde se puede descansar ya que es donde se encuentra el Parador Nacional de Úbeda.

Pero Úbeda es mucho más. Es el Palacio de los Cobos, de ¿quién?. De Andrés de Vandelvira, que construyó a mediados del s. XVI por encargo de Francisco Vela de los Cobos, regidor de Úbeda, con su espectacular fachada. O la iglesia de San Pablo. Construida sobre una de las mezquitas de la ciudad vieja, destaca la armonía de la portada principal, gótica con torre-campanario plateresca que contrasta con la portada sur, de estilo isabelino. Es la iglesia de la Santísima Trinidad cuya portada se alza una sobria torre-campanario de tres pisos, muestra de decoración barroca de Úbeda. O la Casa de las Torres, antigua propiedad del Condestable Dávalos, con fachada plateresca flanqueada por dos monumentales torreones y decorada con refinados relieves escultóricos y frisos engalanados por una bella crestería y gárgolas góticas.

En una ciudad, la ubetense, rica en artesanía, aún hay una calle con importantes ceramistas, y otros edificios que no están enclavados en el casco histórico pero que guardan su tesoro. Como el antiguo Hospital de Santiago, un edificio de ¡cómo no!, Andrés de Vandelvira, de estilo escurialense, considerado ‘el Escorial andaluz’.

Pero Úbeda es más que solo patrimonio porque sus vistas son, sinceramente, magníficas. Campos de olivos en el valle, balconada a este mar, tan peculiar de Jaén, y, además, un primer vistazo al parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas no muy lejos de aquí y donde se contempla, a simple vista, las primeras estribaciones de la mayor masa forestal de toda España.

Fuente de Santa María. FOTO: Juan Manzanares

Baeza no se queda atrás. Caminar en su parte antigua es sumergirse en una época de caballeros y mercaderes. La pequeña Florencia. Posee edificios que no tienen comparación en el mundo entero. En Baeza sobresale eso sí la plaza de Santa María, que ejerce de epicentro de la ciudad noble, donde destaca la Catedral consagrada a la Natividad de Nuestra Señora. Construida sobre los restos de una antigua mezquita. La Puerta del Perdón, que data del siglo XV, es de estilo gótico mientras que la fachada principal es de estilo renacentista. En la puerta de la Catedral la fuente de Santa María, que representa uno de los principales iconos monumentales de la ciudad siendo de las más bellas y originales de Andalucía.

Palacio de Jabalquinto. FOTO: Juan Manzanares

A escasos metros de allí, se da un salto en el tiempo para encontrarse la iglesia románica de Santa Cruz, una de las escasas iglesias de este estilo en Andalucía construida en el siglo XII y su portada sur posee características salmantinas. Justo enfrente, como guardián De la Iglesia, el Palacio de Jabalquinto, de estilo gótico isabelino y cuya fachada está decorada con puntas de diamante, clavos y escudos y en cuyo interior se halla una escalera monumental barroca.

Plaza del Pópulo. FOTO: Juan Manzanares

Las antiguas carnicerías, un monumento de arquitectura civil construido en 1547, matadero público hasta la segunda mitad del siglo XX o el antiguo edificio Antigua Audiencia Civil y Escribanías con fachada plateresca del siglo XVI conforman una plaza del Pópulo, simplemente de cuento.

Pero si ambas ciudades tienen algo más en común es la gastronomía. Existen numerosos locales para degustar cocina tradicional, mediterránea o jienense. Restaurantes desde los cuatro tenedores hasta los más modestos donde disfrutar de un buen plato y reponer fuerzas. No visitar Úbeda y Baeza es perderse un trozo de la historia de Jaén.