El ejemplo fallido de Suzuki en Linares para la «nacionalización» de Nissan

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JAÉN.- La empresa japonesa Nissan anunciaba ayer el cierre de su planta en Barcelona. Lo que supone un duro golpe para miles de familias que verán perder sus puestos de trabajo en una industria que moviliza miles de empleos. Ayer, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, o el líder de ERC, Gabriel Rufián, indicaban como posibilidad una «nacionalización» de la fábrica. Pero quizá se debería revisar la historia porque esta idea ya tiene un negro precedente en nuestro país donde se invierten millones de euros que se quedaron por el camino y que no lograron solucionar un problema estructural y de base.

Linares llegó a ser foco nacional en la fabricación de coches como los míticos Land Rover, de la compañía británica, o los Vitara de la compañía japonesa Suzuki. Pero a mediados de los 90 decidieron dar portazo a su fabricación y dejar la factoría linarense que había sido referencia, en la provincia, desde la década de los 50, cuando se puso en marcha el plan Jaén para industrializar la provincia. De hecho, las imágenes que se ven ahora en Barcelona no son nada nuevas. El 7 de febrero de 1994 comenzó una lucha sindical y obrera de trabajadores, familiares y una comarca entera que duró tres meses. Bloqueos de la fábrica, manifestaciones, enfrentamiento con la policía, incendio de la sede de la delegación de Hacienda, neumáticos ardiendo… Se hizo de todo, pero no se consiguió casi nada.

Un año después, la fábrica pasaba a manos de la Junta de Andalucía tras hacerse con el control de la fábrica de Santana, al traspasar las acciones de la matriz Suzuki, a la Sociedad para la Promoción y Reconversión Económica de capital público. Pero una vez que esto ocurre se necesitan entre otros, empresas que decidan invertir y socios tecnológicos que apuesten por la modernización de instalaciones y con grandes objetivos.

En Linares, más de dos décadas después, decenas de millones de euros invertidos, que se quedaron por el camino, y varios fracasos con empresas como Iveco, CAF, Gamesa, además, de anuncios pomposos que no llegaron a fructificar, provocaron una muerte anunciada. Se propusieron nuevas empresas automovilísticas, empresas de innovación o multinacionales. Nada llegó a buen puerto. Las subvenciones que se otorgaban desde la Junta fueron un llamamiento a muchas compañías que abandonaban, después, el proyecto a medio y largo plazo. Más política que realidad y que provocó que desde mediados de los 90 se perdieran más de cinco mil puestos de trabajo. El año pasado, en 2019, se subastó la maquinaria que quedaba en la fábrica poniendo el punto y final al sueño jiennense de la automoción.