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POR LUIS SERRANO BARRIE

Aunque parezca un titular un poco exagerado, creo que podemos hablar de ella sin mucho problema. Actualmente 174 países del mundo (De los 193 presentes en las Naciones Unidas) están luchando contra esta pandemia volcando todos sus recursos y confinando a la población. En esta guerra no se están fabricando tanques, se fabrican respiradores, mascarillas, guantes, etcétera.

Cabe pensar que una guerra mundial es entre países, pero esta vez es entre especies, por ahora. Mucho me temo que estamos en la primera fase de algo que va a ser mucho más largo y perjudicial. Ya estamos observando como China y EEUU se acusan mutuamente de haber creado este virus y cómo hay una guerra propagandística encubierta sobre el sistema político más eficiente; Democracia vs Comunismo. Las redes sociales y los medios de comunicación son un clarísimo ejemplo de esta lucha, dependiendo de quién hay detrás… así será su opinión. La Verdad ha sido una de las primeras victimas de esta guerra, si es que aún estaba viva.

Cuando dejemos atrás la fase medica de la crisis entraremos de lleno en la fase económica, con millones de puestos de trabajo perdidos y miles de empresas quebradas, un sistema comercial destrozado y con altas barreras de protección. Desabastecimiento generalizado de materias primas y productos antes considerados básicos. Los planes de reconstrucción de Europa ya hablan de un panorama desolador,  peor que el de 1945, y eso que no ha caído una sola bomba ni ha habido un solo tiro. La cantidad de problemas que los distintos gobiernos van a encontrar es ingente. Esta es una guerra nunca antes vista, se trata de una guerra contra un virus, con unas consecuencias económicas fatales; No previstas, simplemente, por la escala masiva de daños que solo serian de esperar en una guerra, en la que si sabemos que hacer. Hasta ahora el único «nuevo» escenario previsto era el de una guerra digital y tecnológica, pero en todo caso entre países. No se había previsto luchar sin un enemigo humano, ni sin objetivos estratégicos bombardeables. Tal vez por eso la imperiosa necesidad de algunas naciones en buscar un enemigo en el que proyectar sus frustraciones y al que culpar de todo.

La fase económica conllevará una tempestad política, se generalizarán las protestas y revueltas por todo el globo ante el hambre y los problemas económicos. Esto tendrá como resultado una explosión de inestabilidad política con un auge de nacionalismos y populismos. La consecuencia mas obvia de esta fase será la perdida de democracia y los movimientos masivos de refugiados a escala global, más fuertes incluso que los vistos hasta la fecha. Los países destino se van a ver desbordados y a su vez sufrirán el mismo auge de nacional populista que conllevará una tensión bélica con cierre de fronteras como mínimo. La población empezará a ver a los inmigrantes como amenazas e incluso como un enemigo desatando la última fase, la guerra.

En esta fase bélica los previsibles humanos nos encontraremos más cómodos pues ya tendremos a quien echar la culpa de nuestros males, y por supuesto podremos hacerle pagar por sus crímenes. A estas alturas la perdida de vidas de humanas será dramática, solo comparable a la pérdida de libertad y democracia a escala global. Llegado este punto buen podríamos repetir las palabras de Einstein; «No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas»

Aún estamos en un estadio temprano de este escenario nada halagüeño y aún se pueden poner medios para evitarlo. La historia de la Humanidad me llevará la contraria pero ya hemos visto episodios anteriormente de la solución; solidaridad, respeto y responsabilidad.

Puede que los mayas se equivocaran con su profecía del fin del mundo o de cambio de era, puede que todo esto se fraguara en el 2012, en todo caso como profetizaban nos encontramos ante un dilema crucial; supervivencia o destrucción. En nuestras manos tenemos la capacidad de decidir que rumbo tomamos, el de respetarnos y ayudarnos, el de cuidarnos y solidarizarnos o por el contrario tomar el camino del egoísmo, violencia y supremacía. El resultado está por ver, lo que sí sabemos es que «Mundus enim sciebant tuus mortuus est» (el mundo que conocíamos ha muerto).