OPINIÓN | «Más educación y más guardas rurales»

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POR MANUEL RUIZ BELTRÁN, Guarda Rural y Guarda de Caza

Si hay algo de lo que presumo a menudo, es de ser jaenero.

Somos capital mundial del aceite de oliva, tenemos los Baños Árabes mejor conservados de Europa, una preciosa Catedral que deja boquiabierto a todo aquel que la contempla o un testigo mudo de todo lo que sucede en la ciudad como es el Castillo de Santa Catalina. Estandartes de la ciudad, junto a su Semana Santa. Y cómo olvidar su casco antiguo, repleto de pequeñas tabernas y tascas, en los que junto a una cerveza te obsequian siempre con una tapa totalmente gratuita. 

Pero además de todas estas señas de identidad, los que amamos la naturaleza tenemos a nuestro alcance otros parajes que nos hacen sentirnos más orgullosos aún de pertenecer a esta ciudad. 

Pequeños rincones y remansos de paz, en los que desgraciadamente, por culpa de unos cuantos, cada vez es más común verlos en estado de abandono, con multitud de actos vandálicos como destrozos, pintadas, basuras y escombros. 

Dar un paseo por la “Fuente de la Peña y el Ojo del Buey”, ya no se puede considerar estar en un paraje natural. Las botellas rotas, las bolsas de plástico, y los grafitis en su antiguo lavadero, han convertido este bello lugar en un lamentable ejemplo de lo dañino que pueden ser las personas con un entorno como este.

En algunas partes del cerro en el que se encuentra el Castillo de Santa Catalina, la situación no es mucho mejor. La vergonzosa acumulación de basura en determinados sitios hace que mostrar este paraje a los visitantes sea para pensárselo dos veces. 

Además, muy cerca se encuentra el monte del Neveral, que tampoco ha escapado del vandalismo. Columpios, instalaciones para hacer gimnasia y merenderos han sufrido también el ataque de esta clase de gente que sólo saben destrozar el mobiliario público.

La Vía Verde del Aceite, es otro lugar de recreo y ejercicio para cientos de personas que disfrutan de esta antigua vía de tren para hacer ciclismo, running o simplemente pasear. Tampoco ha quedado al margen de los ataques, y es que sus farolas ya tuvieron que ser reemplazadas por otras nuevas al ser apedreadas hasta romperlas.

Y qué decir del parque periurbano Cañada de las Hazadillas, en los que en ocasiones, hasta el grupo de “Ecologistas en Acción” han puesto en prensa el lamentable estado en el que se encuentra algunas veces este precioso enclave debido una vez más por la falta de principios cívicos de algunos visitantes, que encuentran en el suelo y alrededor de los troncos de los árboles el lugar perfecto para deshacerse de su basura.

Está claro que la educación es primordial para que estos incidentes no sucedan en nuestro entorno. Lo mismo que se hace patente la cada vez más necesaria seguridad en estos espacios. 

La Guardia civil, no puede abarcar todo, y estos lugares necesitan una vigilancia prácticamente permanente. Algunos ayuntamientos de la provincia han encontrado una solución. La contratación de Guardas Rurales para la vigilancia y protección de sus entornos naturales.

Torreperogil, Úbeda, Villacarrillo o Bailén son ejemplos de administraciones locales que han apostado por esta figura de seguridad privada para conservar su patrimonio natural de los actos vandálicos y de ese tipo de gente que se cree que todo el campo es un gran vertedero en el que poder arrojar su suciedad.

Los guardas rurales son un cuerpo de seguridad privada, habilitados después de diversos exámenes y pruebas por el Ministerio de Interior a través de la Guardia Civil, que llevan casi 171 años al servicio de los clientes que demandan sus servicios, entre los cuales se encuentran los ayuntamientos. 

Algunos pueblos ya se han dado cuenta de la importancia de esta figura y de lo efectivo que es contar con ellos en las zonas rurales de sus términos municipales. 

La capital espero por el bien de nuestro patrimonio natural que también despierte pronto y tengan en cuenta a estos profesionales para la vigilancia, seguridad y protección de estos bellos entornos.