OPINIÓN | «Nicolás. El Espíritu de la Navidad»

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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

VALLES DE LICIA. ANATOLIA. TURQUíA. 24 DE DICIEMBRE DEL AÑO  382

Bajo un árbol un padre intenta apaciguar el dolor del hambre de sus dos pequeños que, famélicos, están a punto de morir.

A su alrededor pasa la gente cantando y disfrutando de la noche, de las luces que adornan casas y otros árboles en la zona. 

Nadie hace caso a sus súplicas de un poco de pan y ayuda para sus hijos.

El frío arrecia sobre sus cuerpos mal abrigados con capas y ropas roídas.

La gente canta, baila, celebra la Navidad. A su lado, dos pequeños van a morir.

Nicolás intenta dar el poco calor que puede a sus dos hijos de tres y seis años y los acurruca junto a él, uno a cada lado. No quiere que le vean llorar.

Al amanecer, ninguno de sus retoños despertó.

Desesperado hubiera acabado con todos los que pasaron a su lado y los vieron dormir en el suelo, bajo un árbol, pasando frío y hambre y que miraron como buenos “humanos” que son por sus propios placeres sin importar los demás.

Nicolás comprendió que hacer eso con las personas, su venganza, no iba a llevar a lado alguno. Así que una vez que se despidió de ellos decidió ver el rostro de los que ya no estaban en la alegría y el agradecimiento de los demás.

Encontró una capa roja entre la basura  y se tiñó de blanca la barba.

Desde entonces paseó por orfanatos y casas de acogida dejando regalos durante la noche, entrando a través de las ventanas, en ocasiones se le vio descender por alguna chimenea. Los niños huérfanos gritaban de alegría a la mañana al ver que alguien les había dejado algo. La capa roja era la sangre de sus hijos y el blanco que la adornaba el desprendimiento hacia los demás en forma de paz frente a la sociedad que lo había dejado a su suerte. Ahí nació el espíritu de la Navidad.

2019. En cualquier lugar del mundo vamos a cantar, cenar copiosamente con gente a la que ni aguantamos, iremos a misa para dar golpes en nuestros pechos, veremos lo preciosas que están las ciudades con sus luces adornadas. Mientras tanto habrá gente durmiendo en la calle, muriendo al amanecer, pasando hambre en sus casas e incluso frío. ¿Es este el espíritu de nuestra Navidad? 

Y auque la vida nos marca la pauta de que debemos disfrutar de los nuestros, no dejemos en el olvido a Nicolás. Seguro que alguien a nuestro lado sufre por una pérdida, otros quizás no tengan para comer, quizás algunos de nuestros mayores solo deseen un rato de nuestra compañía o un abrazo, es posible que nuestros hijos quieran ser escuchados o nuestra pareja alguna palabra que salga de nuestro corazón.

Y aunque Nicolás pueda parecer que salió del imaginario colectivo, una simple fábula de la verdad sobre la vida, no los olvides a ellos, a los que precisan de tí y, también, por qué no, transfórmate en el niño o niña que cantaba y bailaba en estos días que se avecinan, cuando la Navidad todavía se disfrutaba con corazones limpios, los de los niños y las niñas que fuimos, cuando todavía no echábamos de menos a los que nos faltan tanto, cuando creíamos que la vida era un jardin de rosas plantadas por quienes nos amaban. 

Cuando ese villancico llegue a tus oídos o las luces parpadeantes de múltiples colores de tu ciudad, recurda a Nicolás y, recuérdate a tí en esas Navidades inolvidables junto a tu familia.

FELICES FIESTAS JAÉN Y PROVINCIA.