OPINIÓN | «Las callejuelas del alma»

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POR LUIS HERERIDA BARRAGÁN, abogado y escritor

Dicen nuestros viejecitos que el alma está llena de callejuelas.

Dicen que esas callejuelas son los días que hemos dejado atrás y que dejan surcos en nuestros recuerdos.

Dicen mis ancianitas que hay días en los que volvemos a recorrer esos surcos y nos llevan junto a ellos, los que ya no están.

Dicen mis amados mayores que el alma está llena de esas callejuelas, de días de reuniones grandes, de gente que se fue, de amores que nos dejaron antes de tiempo por la enfermedad, de padres, madres, amigos o hijos que partieron y que dejaron surcos imposibles de llenar.

Recuerdan a la luz de una hoguera esas callejuelas que están repletas de esas caras, esas sonrisas, esos abrazos que no dimos por nuestras prisas en vivir corriendo.

Las callejuelas del alma nos llevan a ellos. Esa mano tendida que te apretaba hasta llegar al corazón, esas arrugas que ya no volveremos a ver, esas palabras con aquel tono especial.

Narran los sabios cuando la noche llega que cuando volvemos a recorrer esas callejuelas, vuelven a vivir.

Me contaron mientras mi alma se encogía que al recordarlos, están cerca de ti, a tu lado.

Dicen mis mayores que, aunque debemos recorrer esas callejuelas a menudo, hay otras que no debemos olvidar, que aún están llenas de las hojas del otoño, del amanecer de un invierno nublado, son las callejuelas de los que aún están vivos. 

Me hablan al oído estos ancianitos que sus recuerdos y surcos de los que se fueron nunca morirán, pero que más que nunca debemos abrazar las callejuelas de los vivos, porque quizás mañana sean solo surcos en las callejuelas del alma.

Me invitan a vivir con las sonrisas y el habla de los que aún están, de sonreír, dar y ser amable con ellos contándoles lo importantes que son para nosotros. Dicen que se llama VIVIR.

Cuentan mis ancianitas que así, al abrazar, besar, reír con los que están, rellenaremos aún más las callejuelas del alma de los que se fueron.