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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor

Lo peor dentro de lo peor, es la noche.

El vacío al entrar en el cuarto solo. La ausencia al otro lado de la cama.

Entonces aparecen los recuerdos de momentos de risas, de cuidados de hijos, de discusiones que pasaron al olvido, de viajes que se hicieron o no se hicieron, de pérdidas que se compartieron juntos. Y también de alegrías.

Lo terrible es cuando el cielo decide echar el manto negro.

Huele cada rincón de la casa a soledad, un olor desagradable que vuelca el estómago. Tientas el otro lado y, ya no está, se ha marchado quizás antes de tiempo tu otro yo, tu media vida junto a él o ella.

Te toca viajar solo por los días que son raíles oxidados del tren de la vida.

Los amigos, amigas, quizás los hijos, te acompañan en los primeros momentos.

Pero enseguida te das cuenta que esos momentos son puntuales.

¡La otra gran parte del día estás solo o sola!

Y esos pinchazos en el estómago cuando se acerca el color oscuro del dolor acentuado en la madrugada los vas a vivir en la más absoluta soledad.

Pero escuchad…

¡AMANECE! Todos los días vuelve a salir el sol, quizás en la sonrisa de un hijo o hija, en la llamada de un amigo o amiga que te invita a vivir, o en algo que nunca pudiste imaginar, en el de un nuevo amor.

Se han marchado. Se bajaron una parada antes que tú en esta existencia. ¿Qué puedes hacer?…¡VIVIR!

Ellos, los que partieron, solo desean tu felicidad. No quieren tu dolor. Te animan a seguir y a ser posible con sonrisas en tu rostro demacrado.

AMANECE. Después de la noche vuelve a brillar la luz tras el manto negro.

Sé que es duro. Pero hacedme caso, no queda otra. Aprovechar que todavía seguid montados en el tren de la vida. Quizás vuestra parada pueda estar cerca. ¡VIVIR!

PARA TODOS LOS QUE SUFRID LA PÉRDIDA DE VUESTRO AMOR