OPINIÓN | «¿Dónde está la vida que nos prometieron?»

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Crying young woman
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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

Nos dijeron que en esta vida había que ser buenos con los demás, pero nadie nos quitó las puñaladas que nos dieron por detrás por el simple hecho de ser así.

Nos explicaron que sacrificándonos de jóvenes llegaríamos a dónde quisieramos. ¿Pero quién nos dijo o nos advirtió que con tanto sacrificio acabaríamos en trabajos que nos arrebatarían a quienes más amamos, los nuestros, por el tiempo robado para estar con ellos?

A mi me contaron que los hijos son para siempre. Nadie se paró a explicarme que lo son hasta llegar a viejos o cuando ya no les interesas. Entonces acabas lejos de sus vidas y no por propia voluntad.

Nadie, absolutamente nadie, me dijo que el mundo está lleno de caretas, de gente falsa, de gente mala que, a diferencia de las buenas, siguen y siguen viviendo tan tranquilas y sin que les pase nada. ¿Dónde está el que todo lo ve?

¿Quién me contó que el amor era para siempre? A veces el amor se convierte en la trampa mortal del ser humano.

¿Acaso alguien nos dijo que la sonrisa de nuestros pequeños se puede transformar en sueños lejanos en el tiempo porque vivimos tan deprisa que tememos parar para verla?

¿Quién me dijo que el que me tiende la mano me escupe cuando me doy la vuelta? ¿Quién me explicó que la vida se termina ahora si yo estoy preocupado por todo lo que no debería preocuparme?

Veo caras asustadas en mi día a día. ¿Dónde está la vida que nos prometieron? ¿Dónde está él, que permite que niños y niñas, seres inocentes, partan en cada momento sin nisiquiera haber aprendido un poco de este puñetero mundo?

No, no estoy amargado. Sonrío cada amanecer, cada anochecer. Doy gracias por todo, pero nadie me contó que el mejor amigo del hombre es el perro y que el ser humano es el único que muerde a sus semejantes por un puñado de avaricia, de dinero, de placer, de envidia, de rencor.

¿Quién va a contar la verdad a los niños que nacen y crecen cada día para que no se sientan sorprendidos en su caminar por estos senderos de aquí abajo?

¿Dónde está la vida que me prometieron que no la veo?

Y si solo dependiera de mí, esta estaría llena de abrazos y besos. Pero entonces eres bueno y, pon bien la espalda y… aguanta, aguanta.

A pesar de todo, de las caretas, de los escupitinajos, de las críticas, del desamor, de la incompresión hacia la vida: ¡Vive! Porque quizás hoy sea tu último día.

Arreglate, sal, disfruta, besa, sonríe, haz favores y, si puedes, quitame algún puñal de esta espalda maltrecha que, como la tuya, hiere al alma y al corazón.

¡Sed felices!