OPINIÓN | «La encrucijada del agro»

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 POR FRANCISCO RODRÍGUEZ

Parece paradójico que en un mundo donde el 71% de la superficie es un océano azul profundo, tengamos una encrucijada con el agua. Pero el desafío hídrico ya es una realidad y debemos prestar atención a un dato poco conocido, pero que lo dice todo. Según estadísticas de las Naciones Unidas, la agricultura consume el 70% del agua dulce que produce el planeta. Lo que la convierte en la industria que más recursos hídricos consume a nivel mundial. A esa cifra hay que sumarle otra de la misma gravedad: con la propagación de nitratos, fosfato y plaguicidas, la producción agropecuaria es la mayor causante de contaminación de agua. En otras palabras, no sólo la consume, sino que además, la contamina.

La gestión del agua y la contaminación derivada del uso intensivo de agroquímicos son dos de los principales desafíos a los que se enfrenta el agro. Y también, dos problemas que conciernen especialmente a España. El país rompe récords en ambos casos. Por un lado, España lidera el consumo de plaguicidas en la Unión Europea y por otro, se posiciona como el principal país europeo en términos de consumo de agua. Y el 80% del gasto hídrico del país, se lo lleva la agricultura. Lo que demuestra que ambas problemáticas deben ser abordadas con suma urgencia, si se quiere consolidar una política agrícola sustentable y productiva.

Afortunadamente, existe un modelo alternativo que permite hacerle frente a estos dos problemas que están estrechamente ligados. Tanto el consumo desmedido de agua, como el de agroquímicos, pueden ser controlados y reducidos gracias a las tecnologías de agricultura de precisión. Estas técnicas que comenzaron a desarrollarse en los años 80 permiten aumentar la productividad, reduciendo el consumo de recursos. 

Pero ¿por qué es tan relevante la agricultura de precisión y cuáles son los avances que trae consigo? En concreto, la agricultura de precisión permite realizar una distribución eficiente del recurso hídrico y de la aplicación de plaguicidas. Esto se logra a partir de la creación de mapas georreferenciados y sumamente precisos, que incluyen toda la información agronómica necesaria para el control de los cultivos. 

Actualmente, las aplicaciones de agua y de agroquímicos se realiza de acuerdo a la información disponible sobre la totalidad de la parcela. Es decir que no se contemplan las variaciones que puedan existir en la superficie. La homogeneización de aplicaciones causa un gasto enorme en productos y recursos, ya que no distingue entre las zonas de una misma parcela que requieren, por ejemplo, más o menos recurso hídrico o fertilizantes.

La agricultura de precisión supone un gran avance ya que, gracias a la información aportada por los sensores, se puede representar los datos, no solo por parcelas, sino también por zonas o hasta individualmente a nivel de cada cultivo. Para dar una noción más precisa, estas tecnologías permiten conocer el estado de cada árbol o cultivo. Estos sensores captan la información en longitudes más pequeñas de lo que el ojo humano puede percibir. La información recabada es sumamente valiosa ya que permite tomar decisiones inteligentes, basadas en datos precisos. Por ejemplo, se puede analizar si se debe aumentar o disminuir el riego y determinar la cantidad exacta de agua que se debe aplicar. 

Pero además de recolectar esta valiosa información, las tecnologías de agricultura de precisión también proveen los sistemas para aplicar los datos en la práctica. A través de los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), se pueden realizar aplicaciones automáticas y precisas en cada cultivo, en lugar de desperdiciar recursos que suelen aplicarse a toda la parcela. Lo que resulta en la optimización de los recursos y, por tanto, en una disminución de los costos y también, del impacto medioambiental. 

Al igual que sucede con el recurso hídrico, gracias a la agricultura de precisión, la aplicación de agroquímicos también puede ser controlada y selectiva. En lugar de realizar aplicaciones homogéneas sobre toda la parcela, ahora se puede aplicar únicamente la dosis necesaria de agroquímicos, lo que no solo resulta un coste menor, sino también una reducción de la contaminación causada por estos productos que hoy en día representan una de las principales causas de contaminación de aguas subterráneas. 

La precisión en las aplicaciones de agua y de fertilizantes, permite maximizar el rendimiento de los cultivos, sin perder de vista las importantes mejoras para el medio ambiente y la salud humana. Muchos de los productos que se utilizan, hoy en día sin moderación en la agricultura, presentan enormes riesgos para la salud. Como es el caso del glifosato, uno de los herbicidas de mayor uso en España, calificado por la OMS como ‘probablemente cancerígeno para la salud humana’.

Tal como se ha señalado, el desafío hídrico es un problema que debe atenderse con urgencia. Como así también lo es el uso desmedido de agroquímicos y productos nocivos para la salud humana y con un gran impacto para el medio ambiente. La tecnología para combatir estas problemáticas está al alcance de todos. Pero para ello, las autoridades deben asumir su compromiso y comenzar a exigir que se utilicen todas las herramientas a nuestro alcance, para revertir los daños que la agricultura le está causando al medio ambiente.