OPINIÓN | «¡No engañéis a nuestros hijos!»

0
525
Publicidad

POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

«Ahora que estáis buscando el sillón de vuestra vida y el bastón de mando en vuestra localidad. Ahora que dáis más abrazos que en los últimos cuatro años a todo aquel que se cruza con vosotros: ¡No engañéis a nuestros hijos!

Que no  tengan que marcharse fuera del lugar que los vio crecer después de años de trabajo intenso para formarse porque vosotros tiráis el dinero de todos por la ventana.

Que no tengan que aprender que tener un buen culo o acostarse con el famoso de turno, sea lo que les va a dar un futuro en la pequeña pantalla ante la imposibilidad de encontrar un trabajo digno en aquello para lo que se prepararon, y que la única solución que encuentren sea la de emigrar lejos del vínculo familiar.

Que sepan que trabajáis por ellos, que lucháis por vuestro pueblo o ciudad, que no os lo lleváis para vuestro interés particular, sino para crear empleo y riqueza para ellos.

Y es que estamos los que ya pasamos los 50 muy quemados de relacionar palabra de político con persona experta en crear problemas, en vez de resolverlos.

Os echaremos a la cara vuestras promesas si alguna vez camináis hacia el Juzgado por no haber hecho lo que nos prometistéis, o quizás camino de la cárcel. Y tenéis familia. Pensar en ellos cuando metáis la mano donde no debierais.

Que vivir en la ciudad o pueblo al que representáis, sea para nosotros vida y orgullo de quienes dirigen el destino de sus gentes.

Que no tengan que llorar muchos padres de familia ante la marcha de sus vástagos después de años de sacrificio por todos. Que no tengan que llorar ante la nevera vacía y la falta de trabajo por vuestra dejadez en la lucha por el interés de todos.

Que todo lo que estáis ahora prometiendo, valientes, hacerlo si tenéis lo que hay que tener, dignidad, cuando os sentéis ante el pueblo llano para regir su destino.

Que si no hacéis lo que ahora ladráis a los cuatro vientos, os traguéis si teneis conciencia noche tras noche, las lágrimas de los que ahora piensan que sois la solución.

Hacedme caso. Si mañana os sentáis allí, pensar en ellos, en personas que tienen depositadas las esperanzas en que vosotros cambiaréis el rumbo de su pueblo o ciudad. Pero por favor: ¡NO ENGAÑÉIS A NUESTROS HIJOS! Estamos hasta los mismísimos de tanto engaño. Hacedlo por ellos, por vuestras familias y por los que siempre soñaron que las cosas se pueden hacer algo mejor. Y recordar que no hacer el bien por los demás, sino por uno mismo, es la peor bajeza del ser humano y, en vuestro caso, se traduce en cárcel. 

Sé que pido la luna en muchos casos y que ni tan siquiera muchos os pararéis a pensar lo importante que sois para ellos: la gente del pueblo. Mientras, si es posible, nosotros seguiremos soñando con una sociedad mejor dirigida por vosotros. ¡Suerte!