Tomás Palacios: «En el futuro cada olivar tendrá un sensor propio con energía ubicua»

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ENTREVISTA.- Ocupa las entrevistas de medio mundo desde hace unas semanas, cuando saltó la noticia de un artículo publicado en la revista Nature por un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de Estados Unidos dirigidos por él, cuyo nombre suena ya en todos lados, el científico jienense Tomás Palacios, profesor titular en el Departamento de Electrical Engineering and Computer Science del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Ese revelador texto pone en conocimiento del mundo entero sus últimos estudios que avalan que la energía eléctrica del futuro será ubicua. Lo han hecho posible gracias a la creación de una antena capaz de transformar la señal de transmisión wifi en electridad capaz de recargar dispositivos. Hablamos con él sobre este gran descubrimiento que llega para revolucionar nuestra forma de entender la electrónica y vivirla cada día.

¿Cuál es el objetivo de su trabajo investigador?
La función de mi grupo de investigación en el MIT es redefinir la electrónica del siglo XXI. Si miramos a nuestro alrededor, la electrónica ha cambiado nuestra sociedad, nos permite tener ordenadores, acceso instantáneo a la información, vehículos eléctricos y coches autónomos. Sin embargo, creemos que en ese cambio no ha hecho más que comenzar y estamos convencidos de que hay posibilidades muy interesantes para ampliar el impacto de la tecnología y la electrónica en la sociedad. A eso nos dedicamos, a intentar identificar y soñar cómo va a ser la electrónica en dos o tres décadas vista y adoptar los primeros pasos para hacerlo realidad.

¿Cómo será la electrónica del futuro?
La electrónica y el acceso a la información va a ser completamente ubicuo, es decir, absolutamente todos los objetos que nos rodeen van a estar conectados a Internet, intercambiando información con la red y dándonos consejos. En un futuro vamos a tener electrónica en nuestra ropa y quizá no necesitaremos llevar un teléfono móvil sino que estará en nuestra ropa. Cuando vayamos con un portátil y nos sentemos en una cafetería a tomar algo, en el momento en que dejemos el portátil sobre la mesa se empezará a cargar, ya que la mesa lo identificará como dispositivo y enviará la electricidad para recargarlo de manera inalámbrica.

Las autopistas tendrán electrónica dentro del asfalto para informar en tiempo real de las condiciones de la carretera pero también de si un tramo de autopista necesita alguna mejora, al igual ocurrirá con los puentes y cualquier tipo de infraestructura. La clave es conseguir dar electricidad a todos estos sistemas electrónicos que queremos introducir en autopistas, puentes, ventanas de edificios o una chaqueta. No podemos llevar un cable a la red eléctrica.

¿De dónde la sacamos?
Una posibilidad es la energía solar con paneles solares, pero el problema es que la luz solar no siempre está ahí. No controlamos cuando puede haber nubes que oculten el sol. Buscando una fuente que siempre esté ahí la encontramos en la radiación electromagnética de los routers wifi o de los teléfonos móviles. Ese es el motivo de que durante los últimos años hayamos estado trabajando en el desarrollo de un dispositivo electrónico que permita transformar las señales electromagnéticas de móviles y routers en señales eléctricas que puedan usarse como electricidad para otro tipo de dispositivos, consiguiendo con ello el sueño de la electrónica ubicua.

¿Queda mucho para que sea una realidad?
Las aplicaciones están más cerca de lo que la gente puede plantearse. Los veremos en menos de una década. Los primeros sensores serán los encargados de controlar el estado fisiológico de las personas, desde un parche con el que obtener electrocardiograma, tomar las constantes vitales o decirte si estás entrando en una habitación donde hay o no virus de la gripe hasta medir distintos elementos químicos en el sudor.
Una segunda aplicación, también muy importante, será la de sensores para el control del estado de las infraestructuras. Por ejemplo, la de las decenas de puentes en carreteras que existen en España, que se podrán controla rpara saber qué daños tiene por exceso de peso o cualquier otra circunstancia y cuándo repararlos.

¿Qué nivel de energía se podrá obtener de ellos?
La cantidad de energía que se puede obtener es muy pequeñita. Estamos hablando de miles de veces menos energía de lo que se necesita para que funcione un ordenador portátil, pero también es cierto que muchos de estos sensores del futuro no van a ser tan complejos como un portátil, van a medir el pulso de una persona, las señales eléctricas del corazón o las vibraciones de una infraestructura. La cantidad de energía que necesitan para ello es ínfima comparada con un ordenador convencional.

¿De qué otras fuentes se podrá obtener esta energía además de la wifi?
Además de la wifi y los propios móviles, tanto la energía que emite como la de la antena central con la que se comunica, están además las señales de televisión y radio, aunque con una energía mucho menor. La clave está en que esta generación de energía ubicua va a permitir añadir electrónica a absolutamente todo.

¿En qué forma se podría aplicar esto a Jaén?
Llegará pronto el día en que cada olivo cuente con un sensor que nos va a decir la cantidad exacta de fertilizante y agua que necesita, si está empezando a desarrollar o no una enfermedad. Para eso no vamos a conectar cada olivo a la red eléctrica, sino que se necesitarán sensores muy baratos que sean autónomos.

¿Cómo crees que va a reaccionar la propia industria oleícola? ¿Cuajará la idea?
Sobre la mesa está la oportunidad para la provincia de Jaén. Creo que una de las claves del futuro para Jaén es continuar siendo líderes mundiales en la producción de aceituna y aceite de oliva y para ello creo fundamental adoptar y desarrollar las tecnologías más avanzadas de control del olivar. Estoy convencido de que Jaén está capacitada para liderar esta nueva revolución, que puede empezar en el olivar y extenderse al resto de cultivos a nivel mundial. Nace así una oportunidad y la región que sea capaz de desarrollarla primero se proclamará líder en las próximas décadas.

En cuanto a los materiales necesarios para este dispositivo, aparecen algunos como el oro o el molibdeno, entre otros, uno de alto precio y otro de cierta rareza. ¿Qué tipo de daño al medioambiente puede tener su extracción?
La gran ventaja de los materiales que utilizamos es que son muy delgados. El material fundamental (el resto puede cambiar) es el molibdeno de disulfuro, cuya ventaja clave es su delgadez, pues está hecho de tres capas atómicas de espesor, lo que quiere decir que no necesitamos mucho molibdeno o azufre para sintetizarlo. Al ser tan delgado, con muy poco podemos sintetizar kilómetros cuadrados de esta nueva generación de electrónica. No me preocupa la disponibilidad de materiales o el daño medioambiental. Hay que estudiarlo con detenimiento, pero con un estudio preliminar no habrá problema gracias a que utilizamos cantidades ínfimas.

Al igual que reciclamos móviles a día de hoy, ¿Este descubrimiento abre también la puerta a un posible reciclaje de estos nuevos sensores?
En principio sí, aunque es complicado controlar el reciclaje de estos materiales. Lo fundamental está en desarrollar una nueva generación de sistemas electrónicos que, además de ubicuos, sean biodegradables y, al cabo de su vida útil, desaparezca y pase al ambiente de manera no tóxica. Es un gran área de interés.

Su trabajo ha sido reconocido por numerosos premios nacionales e internacionales, e incluso en su tierra natal han apoyado su carrera con el premio Natural de Jaén concedido por la Universidad de Jaén.
Es un gran orgullo el que la Universidad de Jaén pensara en mí para este reconocimiento y yo siempre estoy encantado de intentar ayudar en lo que sea posible a la UJA a Jaén y a los jienenses. Debemos creernos que el futuro de la provincia está en manos de los jienenses. Jaén tiene un gran potencial y los jienenses deben saber que realmente pueden cambiar el mundo empezando por su provincia. Hay una necesidad de definir lo que va a ser Jaén en las próximas décadas, preparándonos para esquivar posibles crisis económicas y también liderar el cambio. Hay que creérselo y trabajar en ello.

Por Paz Madrid