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POR MANUEL VIVAS  Escritor diletante

En los últimos tiempos veo con incredulidad como dentro de la actividad de algunas cadenas de televisión, radio y, aún más en internet, se difunde alegremente y para todos los públicos, publicidad con mensajes que incitan y motivan a los juegos de azar (casinos, póker, bingos…), como también, a la “machacona” participación en distintas apuestas con tinte deportivo  durante las retransmisiones de los partidos de futbol de máxima audiencia, la mayoría de las veces, dentro de las franjas horarias de especial protección para los menores de edad. 

Y es que con esto de “Internet y la globalización” han proliferado las empresas que se dedican a esta clase de actividades, metiéndose de sopetón en nuestras casas y hasta en nuestro propio ser a través de algunos medios audiovisuales y dispositivos móviles. Actividades que, probablemente con poco esfuerzo, éticas o riesgo empresarial, actúan en su propio beneficio ofreciendo abiertamente el producto del “juego de azar” a un amplio sector de público que puede ser fácilmente captado como consumidor desde el minuto uno o potencial consumidor en un futuro cercano, dependiendo de la saturación de los mensajes publicitarios y de cómo cada persona los asimile.   

 Como digo este tipo de publicidad que incita al juego está ahora de moda y en continuo crecimiento en determinadas cadenas de radio y televisión privadas de ámbito nacional, a lo que cooperan algunos personajes conocidos del mundo televisivo, lo que a su vez está contribuyendo a un preocupante aumento en el consumo de juegos de azar online por parte de los menores, a los que esta actividad y comportamientos deberían estar vetados.   Pero no, yendo algo más allá, vemos muchas veces como en programas o retransmisiones de partidos de futbol se ofrecen premios y bonificaciones con mensajes, a veces engañosos, para promocionar y vender a la sociedad de manera poco controlada y responsable estos productos, que en lo concerniente a los juegos de azar, están acarreando graves perjuicios a nuestra juventud y arrastrándola a una adicción tan peligrosa como es la ludopatía. 

La legislación en España sólo permite participar en juegos de azar a mayores de 18 años, pero la realidad no es del todo así. Las estadísticas indican que cada vez hay más menores de edad enganchados al juego y a las apuestas online, habiéndose cuadruplicado en pocos años el número de adicciones al juego que han necesitado o están en tratamiento especializado. Habríamos de preguntarnos ¿Están fallando los mecanismos legales de supervisión, control y protección activa de los usuarios de servicios audiovisuales e Internet?. 

Considero que realmente algo está fallando. Conozco casos en los que menores o adolescentes bien formados, pertenecientes a familias y entorno social estructurados, se han desviado y sus mentes se centran obsesionadas en cómo conseguir dinero para jugar, habiendo llegado a malvender pertenencias, sisar dinero a sus padres o hermanos, incluso, cometer pequeños hurtos. Una adicción al juego en la que tiene mucho que ver los mensajes publicitarios de los que hablo y que, de no poner pronto algún remedio, podría llegar a ser una “bomba de relojería”  puesta en el camino del desarrollo físico, mental o moral de muchos menores. 

 Estoy convencido de que actualmente existe en España un vacío legal que propicia esta preocupante situación, por lo que sería muy conveniente procurar un marco normativo más efectivo sobre la publicidad de los juegos de azar, que no sólo se limitara a prohibir que los menores puedan hacer uso de los servicios de juego y apuestas, sino impedir también que puedan asimilar como normal un mensaje o una conducta social de riesgo, de igual manera que se logró evitar la publicidad directa que en otros tiempos incitaba al consumo del tabaco y bebidas con alta graduación de alcohol.

Dejo esta reflexión: “Nuestros menores y adolescentes, por su inexperiencia y credulidad propia de su edad, unido a sus mentes cada vez más despiertas y fácil acceso a la información, forman un colectivo especialmente persuadido y vulnerable a la adicción al juego,  por lo que merecen éste y otros muchos esfuerzos por parte de las instituciones y de la sociedad en su conjunto para su protección y orientación hacia un futuro bienestar”.