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ENTREVISTA.- Con una vida dedicada plenamente a la arqueología, su profesión y pasión, Vicente Barba es el director de la excavación arqueológica que está en boca de todos. El solar donde anteriormente se situaba uno de los comercios emblemáticos de la ciudad de Jaén, Simago, se expone cual crucigrama a punto de ser interpretado por Vicente y su equipo, que trabajan, desde el pasado mes de octubre, en la primera fase del proyecto, la excavación arqueológica que antecede al comienzo de las obras de edificación de un nuevo residencial en el corazón urbano, lleno de secretos bajo suelo que ahora tratan de descubrir.

El 7 de octubre hicisteis la primera publicación en la cuenta de Instagram de @arqueologiasolarsimago, pero ¿Cuándo comienza realmente el trabajo de preparación?

El paso previo es administrativo; desde hace un año estamos trabajando en esto. Cualquier excavación arqueológica requiere un trámite administrativo. Se presenta un proyecto en el que se cuenta qué, cómo y quién lo va a hacer. La administración, en este caso la Delegación de Cultura, lo autoriza para que se haga.

¿Por qué es necesaria esa autorización de la Delegación de Cultura?

En cualquier parte del Conjunto Histórico-Casco Antiguo o en las zonas catalogadas como Marroquíes Bajos, cuando hay un proyecto de obra que conlleve movimiento de tierras, necesita previamente un estudio arqueológico. En el caso del conjunto histórico, tenemos un PGOU por aprobar, y un PEPRI que nos marca las pautas a seguir y nos dice en qué zonas hay restos arqueológicos y dónde hay que realizar excavación.

¿Todas las obras necesitan una excavación arqueológica?

No en todas las obras, en la ciudad de Jaén hay varias zonas y formas de actuar. Podemos hacer excavación arqueológica, como en Simago, con catas o sondeos. En otros sitios es necesario un seguimiento arqueológico, que es una forma de control durante la obra. Cuando la máquina saca la tierra para la cimentación, debe haber un arqueólogo presente para verificar si sale o no sale algo. Si sale, se para la obra y se hace la excavación arqueológica, de lo contrario, la máquina sigue su transcurso habitual. Por eso en este caso no se ha parado ninguna obra, porque nos encontramos en la primera fase de excavación arqueológica. Una vez terminada, vendrá la siguiente: cimentación y obras.

¿Cuál es la tarea principal de un arqueólogo?

Cuando se va a construir una edificación nueva, excavamos para ver qué restos nos quedan. En muchos casos quedan objetos, restos de estructuras, pequeños indicios, en otros es complicado averiguar algo al haber superposición de diversas estructuras. Aparecen pequeñas huellas o indicios de que ha habido restos de una ocupación de un periodo determinado, pero simplemente es una huella o un resto de un muro pequeñito, o una cerámica simplemente, y con esos pequeños restos tenemos que ir interpretando qué ha ocurrido en cada lugar. Ese es el trabajo de los arqueólogos que nos dedicamos a la arqueología profesional: tratar de averiguar todas la fases históricas que ha tenido un lugar, ese cachito de la ciudad de Jaén, en qué momento ha estado habitado y qué es lo que hubo allí.

¿Qué suelen encontrar?

Nos encontramos pequeñas muestras de esa sociedad antigua que pasó por allí, habitó ese lugar o hizo una actividad concreta, como por ejemplo un taller, un alfar o en algunos casos una simple huerta. Encontramos cosas muy interesantes, por ejemplo acequias, restos de bancales, huellas de cultivo de antiguos pobladores de Jaén, y conocemos así cómo esos pobladores de Jaén cultivaban en las huertas de los alrededores, con vides, arboles frutales o legumbres. Concretamente, en Simago hemos encontrado huellas de silos en los que se almacenaba el grano mediante un sistema muy peculiar, que se hace en la propia base geológica. Todas estas actividades van dejando huellas que nosotros debemos interpretar.

¿Qué otros profesionales son indispensables?

Hace 25 o 30 años la cosa era distinta, simplemente estaba el arqueólogo erudito que excavaba y luego, con los datos que tenía, construía la historia de un determinado lugar. Hoy en día tratamos de compaginarlo con todas las disciplinas posibles. Si excavamos un huerto, por ejemplo, canalizaciones o un silo, hay que lavar la tierra, cribarla y buscar indicios de semilla y polen para saber lo que se estaba plantando o guardando en aquel lugar. Para ello echamos mano de los profesionales dedicados a los estudios de las semillas, llamados carpólogos. Aquí en Jaén tenemos a una magnífica profesional, Eva Montes, carpóloga que trabaja en la Universidad de Jaén con muchos proyectos, y que nos está ayudando con el solar de Simago para analizar las semillas que estamos encontrando.

¿Y en el caso de aparición de cuerpos?

Cuando aparece un enterramiento, contamos con médicos y antropólogos forenses, que nos cuentan mucho más que simplemente si es un hombre o una mujer, algo básico que nosotros mismos vamos aprendiendo a distinguir. Ellos nos dicen su edad, si tenía alguna patología, si morían a una determinada edad por alguna causa concreta. Nos cuenta cómo éramos en aquella época, qué enfermedades teníamos, cómo nos alimentábamos o a qué edad moríamos.

EN SIMAGO ENCONTRAMOS RECIPIENTES CERÁMICOS CON RESTOS DE CEBADA PARA HACER CERVEZA

¿Cómo es el flujo de trabajo?

Parece que los arqueólogos somos muy lentos, ¿verdad?, nos dicen “ya están aquí los de la brocha”, pero es que la metodología arqueológica es compleja y requiere recuperar esos pequeños indicios, es bastante precisa. El polen está fosilizado y las semillas están ahí, pero es muy difícil verlo. Hay que lavar la tierra, pasarla por tamices muy finos y mirarlo a través de un microscopio, que es donde aparecen el polen y la semilla. De esa forma descubrimos de qué cultivos y especies se trata, como era nuestro paisaje, además de conocer el proceso por el que ha llegado hasta la forma en la que lo hallamos. Encontramos por ejemplo recipientes cerámicos con restos de cebada. Si está germinada, sabemos que ese recipiente, seguramente, contenía cerveza. Y es por eso que la metodología que utilizamos es muy específica. Pero en otros casos, se excava con picos, azadas o incluso con máquinas, depende de los lugares y de los restos arqueológicos.

Para elaborar cerveza se necesita agua. ¿Es por tanto el agua un elemento presente en todos estos periodos?

El agua está presente en todos los elementos que se excavan, porque Jaén está sobre un manantial, el de la Fuente de La Magdalena, que no paraba de brotar desde la época prehistórica, y fue aprovechada en todas las épocas con acequias, canales y acueductos. Una cosa peculiar que ocurría en Jaén es que, a diferencia de otras muchas ciudades romanas, donde se construían acueductos para llevar agua desde fuera hasta la ciudad, en Jaén se piensa que estas canalizaciones se hacían para sacar el agua de la ciudad hacia los cultivos del campo.

LA CERÁMICA MIDE EL TIEMPO QUE MARCABA LA MODA

¿Qué otros hallazgos se han descubierto en Simago?

Además de la necrópolis romana con varias tumbas, se ha encontrado varios hornos medievales con cerámica de época islámica. Es muy interesante, ya que la cerámica es un indicador cronológico, un medidor del tiempo que marcaba la moda. En cada época se hacía de una manera distinta. Como ahora, que tenemos tazas y recipientes que seguramente no utilicemos dentro de cien años.

¿Cómo se trabaja con la cerámica?

La cerámica se lava, se dibuja, se reconstruye y procesa hasta que tenemos una base de datos documental de cada pieza. Personalmente me considero un arqueólogo “cacharrero”, porque me encanta la cerámica. Es un recipiente que me cuenta mucho sobre como fuimos. En qué momento se fabricó, cómo, con qué tecnología, para qué servían. Es lo que se llama Tipología, que es otra fase del proceso. Además, en muchas excavaciones de Jaén aparecen muchos juguetes, silbatos y figuras pequeñas de terracota, algunas de formas femeninas o de bestias como el toro. En el Museo de Jaén hay una vitrina dedicada a estos juguetes.

¿Hasta cuándo se extenderán los trabajos arqueológicos?

Nos lo pregunta todo el mundo y es muy difícil saberlo. Esto es como un melón cerrado, que no sabes si está bueno o malo hasta que lo abres y pruebas. Puede durar más o menos, pero a ciencia cierta no lo sabremos nunca, porque nadie puede predecir qué nos vamos a encontrar y en qué estado de conservación va a estar. Los pequeños indicios nos van marcando las pautas de trabajo. El tiempo es nuestra Espada de Damocles que siempre tenemos encima.

¿Cree que hay otros puntos cercanos a Simago igualmente interesantes?

En el caso de Simago, estamos dentro del recinto amurallado de la ciudad cristiana, muy próximo a la ciudad musulmana y romana -la antigua Aurgi-, un lugar donde ya se han detectado, en otras excavaciones, restos arqueológicos, como la Plaza de la Constitución. Cuando se hizo la obra salieron muchos restos de un barrio musulmán a las afueras de la ciudad, un arrabal, como es hoy en día un polígono industrial, pero de época islámica, con un alfar donde se fabricaba cerámica en época almohade. Hablamos de los siglos XII y XIII. Además de un cementerio con restos romanos y musulmanes. Es decir, si nos vamos en dirección a San Ildefonso, aparece ese arrabal con restos de época romana e islámica. No es algo que haya aparecido exclusivamente aquí.

¿Desde cuándo está habitada Jaén?

Jaén ha estado habitada desde siempre, aproximadamente desde el 3.500 AC estamos habitando Jaén y no lo hemos abandonado, seguimos habitando Jaén. Eso ha dejado una huella arqueológica que está ahí. En algunos sitios está mejor conservada, en otros más destruida, porque ha habido edificaciones posteriores. Por ejemplo en la Plaza de la Constitución, al no tener edificación encima, los restos se conservaban muy bien.

Hace unos años apareció la noticia de que Jaén fue el asentamiento humano más antiguo de Europa, la ciudad más antigua… ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

Esa afirmación no es cierta, yo personalmente lo desmiento. En muchas ciudades hay restos de las mismas épocas que en Jaén, y por tanto todas son antiguas. Jaén tiene la misma antigüedad que Martos por ejemplo, que ciudades como Sevilla, Cádiz, etcétera. Todas son antiguas porque tienen restos prehistóricos.

¿Cuál es, entonces, la ciudad más antigua?

Los restos arqueológicos más antiguos los tenemos en algunas cuevas de nuestra provincia, las pinturas rupestres de las cuevas. Aunque aquí han aparecido restos en la Sierra de Jaén de pinturas rupestres, es decir, las primeras manifestaciones artísticas del humano nómada que se mueve en función de los recursos naturales de la caza. Es lo que llamamos los antiguos cazadores-recolectores. A partir del Neolítico, empiezan a cultivar y a crear los primeros huertos, y a domesticar animales como el perro o el cerdo. Eso requiere contar con un sitio estable junto a tierra fértil y agua, donde los animales pueden pastar. Es entonces cuando surgen los primeros poblados. Ahí empieza a aparecer Jaén, en ese contexto. Un grupo de gente más o menos organizada que se asienta en Marroquíes Bajos, en la zona de Renfe.

¿Cómo era ese primer Jaén del Neolítico?

Había un arroyo importante, el de La Magdalena, hoy sepultado tras construir la ciudad de Jaén encima. En Marroquíes Bajos se aprecia su huella, que viene desde el Cerro de Santa Catalina y el Manantial de La Magdalena, tan importante para edificar la ciudad romana en torno a él, conocido por la Leyenda del Lagarto de Jaén. En la prehistoria se asientan junto a ese arroyo y ése es el origen de Jaén. Desde entonces, desde esos primeros cazadores-recolectores que se convierten en agricultores, es el momento en el que se empieza a habitar Jaén, hasta el día de hoy.

JAÉN ES TIERRA DE ENCUENTRO

¿Cree que algún día Jaén será abandonada?

Se dice que Jaén es tierra de paso y yo creo que no, que Jaén es tierra de encuentro. Un lugar donde la gente siempre ha querido quedarse y habitarlo. Que era de paso se decía porque fue frontera en épocas determinadas entre cristianos y musulmanes, con el conflicto al final del mundo musulmán con los reinos cristianos. A partir de la batalla de las Navas de Tolosa la frontera fue lo que ahora es Alcalá la Real y Sierra Mágina con el Reino de Granada. No ha sido un lugar por el que la gente haya pasado y se haya ido, porque sino Jaén se hubiera abandonado en algún momento, algo que creo no ha sucedido nunca. Jaén siempre ha sido un lugar habitado.

LAS PINTURAS RUPESTRES DE LA PROVINCIA SON PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD Y NADIE LO SABE

Retomando el tema de las pinturas rupestres en la provincia, ¿Por qué no se terminan de poner en valor?

Todas las pinturas rupestres de la provincia son Patrimonio de la Humanidad y muy poca gente lo sabe. Estamos luchando para que la Catedral lo sea y no sabemos que tenemos pinturas rupestres con este reconocimiento. Es complicado ponerlas en valor, pese a que se han hecho muchos esfuerzos por protegerlas y restaurarlas.

¿Nos recomendaría una visita a alguna de ellas?

La Cueva de la Graja en Jimena es una maravilla. Se puede visitar pidiendo la llave en el ayuntamiento a través de una visita rehabilitada por la Diputación de Jaén que sube hasta el abrigo de la montaña. El problema es que están en mitad del campo, desprotegidas y hay mucho vandalismo. No hay mucha concienciación social y nos encontramos con que las están destruyendo. En Otíñar han hecho auténticas salvajadas con algunas, como grafitis o arrancarlas de cuajo. Pese a las vallas, estas pinturas están desprotegidas. En la Sierra de Segura y Pontones, Santiago de la Espada y esa zona, están valladas, hay que solicitar la visita y tienen una protección, controlan la gente que va, pero hay muchos sitios en mitad del campo a los que cualquiera puede llegar y hacer el vándalo.

¿Cuál podría ser la solución para conocer mejor las pinturas rupestres?

Para que se le diera más protagonismo a las pinturas rupestres, Patrimonio de la Humanidad, debería haber más concienciación social. No soy partidario de colocar muchas vayas en el campo, porque le pones puertas a una cueva que siempre estuvo abierta, aunque muchas veces no queda más remedio que hacerlo.

¿Dónde termina el derecho a conservar el patrimonio y comienza la libertad de continuar haciendo nuevas edificaciones? ¿Hay equilibrio?

Mucha gente comenta “qué pena que se construya”. Eso hay que valorarlo. La conservación puede hacerse de muchas maneras. Se puede conservar debajo del edificio, aunque se tape. En Martos, por ejemplo, apareció una villa romana en suelo privado y se construyó encima, cambiando el sistema de cimentación y levantando el edificio, para conservar los restos. Por ese motivo vemos un edificio más alto que otro en la zona del Bulevar, y es porque se ha llegado a un acuerdo de conservación. No significa que se haya destruido. Está ahí debajo conservado. Estoy seguro de que esos restos arqueológicos, que llevan 2.000 años allí, no se van a perder, porque el edificio no va a durar ese tiempo.

EN MARROQUÍES BAJOS DESMONTAMOS UN POZO ROMANO PIEDRA A PIEDRA CON 754 PIEZAS

¿Qué otras formas hay de conservar, además de taparlo con una obra pensada para preservar esos restos?

Algunos restos se han trasladado, como en la zona de Marroquíes Bajos, donde tuve la oportunidad de recuperarlos. Había un pozo romano y era inviable mantenerlo donde estaba ubicado. Se decidió trasladarlo a menos de veinte metros. Lo desmontamos piedra a piedra, 754 piezas, nunca podré olvidar el número. Las cogimos, numeramos, dibujamos, catalogamos y trasladamos una a una. De hecho, hice mi tesina sobre él. Y ahí sigue el pozo, ubicado dentro de lo que actualmente se considera el Parque Arqueológico de Marroquíes Bajos. Algún día se podrá volver a exponer, tenemos una documentación magnífica para volver a reconstruirlos. Otras veces queda recogido en un informe técnico.

La mayor parte de restos de cerámica, semilla, y huesos siempre se conservan. Se llevan al museo y se guarda en los laboratorios y en los fondos, se estudian en algunos casos, o quedan almacenados, pero no se pierden. Luego está el sistema de conservación que todo el mundo considera mejor, la musealización. Que se quede a la vista. Primero hay que valorar bien qué restos son susceptibles de musealizarse para que todo el mundo pueda disfrutarlos y “pasearse sobre ellos”, por decirlo de alguna forma. En la mayor parte de las excavaciones arqueológicas urbanas no aparecen ese tipo de restos que se deban musealizar. En otras ciudades sí, porque son restos de mosaicos o construcciones muy bien conservadas, como sucede en Córdoba, Sevilla o Carmona. En Jaén tenemos Marroquíes Bajos, un poblado prehistórico del que tenemos elementos de muro y estructuras, pero la mayor parte de los restos arqueológicos de son simplemente huellas en la tierra, manchas, y conservar eso musealizándolo es muy complicado.

HAY QUE COMPAGINAR LA ARQUEOLOGÍA CON EL PROGRESO DE LA CIUDAD

¿Lanzaría algún mensaje para concienciar sobre lo que acaba de decir?

Que la gente no se asuste por la conservación. Los arqueólogos somos los máximos protectores de nuestro Patrimonio y queremos que todo se conserve. Y si hay algo destruido quedará reflejado en los informes con toda la documentación gráfica y fotográfica. Somos conscientes que hay que seguir construyendo nuestra ciudad, no podemos prescindir de las tuberías agua, gas, carreteras, colegios, edificios, aparcamientos, etc. Hay que compaginar la arqueología con el progreso de la ciudad.

Del campo de trabajo a la pantalla, así ha sido el proceso de difusión de @arqueologiasolarsimago en Instagram ¿Cómo recibe la avalancha de seguidores en redes?

La acogida ha sido increíble gracias a la gente que empezó a compartirlo, a la prensa y los que os interesáis. Todos los días tengo muchos mensajes a los que trato de dar respuesta. Procuro hacer que la arqueología sea un poco de todos, porque es parte de nuestra historia y pertenecemos a ella. La parte de concienciación pasa por eso, por contar qué encontramos. Y estoy seguro que todo el mundo tiene un vecino arqueólogo.

Incluso El Creata le ha dedicado una de sus ilustraciones diarias a los trabajos de arqueología en el solar de Simago.

No lo conozco personalmente, pero me encantó esa dedicatoria. Es una forma de visibilizar nuestro trabajo y me parece una persona muy creativa, de la que estar orgulloso en Jaén. Me encantaría tomar un café con él algún día.

¿Cuál es el momento más emocionante que te ha dado la arqueología?

Cuando te conceden la autorización para hacer un proyecto es muy emocionante (risas). Pero, ya en serio, uno de los momentos mágicos que me ha dado la arqueología fue en Egipto, gracias al proyecto de Qubbet el-Hawa de la Universidad de Jaén, cuando, excavando una necrópolis egipcia, descubrimos una tumba intacta con los sarcófagos bien conservados. Hablamos del 2.000 antes de cristo. El director del proyecto Alejandro Jiménez y yo, a quien le agradezco que cuente conmigo para este proyecto, metimos la cabeza en la tumba y cuando entramos, yo sentí lo que dijo Howard Carter cuando entró en la tumba de Tutancamon: “Estoy viendo cosas maravillosas”. Yo las vi.

¿Qué pudo ver al entrar en la tumba egipcia?

Recuerdo meter la cabeza entre la arena y la tierra por un agujero, linterna en ristre y, al abrir una de las tumbas y entrar aire, pude ver cómo se descomponía una corona de flores en la cabeza de una momia perfectamente conservada. Duró un instante. De repente, me llegó un olor a flores, no sé si rosas, pero un olor de hace más de 4.000 años, que se fue con el aire y que no volverá a existir nunca más. Es un momento tan mágico que, cada vez que lo cuento, me emociono y se me ponen los pelos de punta. Y todo eso es posible gracias al buen estado de conservación de los restos arqueológicos en Egipto.

¿Hay algún otro momento que recuerde con especial ilusión?

En Marroquíes Bajos, en una casa musulmana, hay huellas de una batalla que pilló a la gente por sorpresa. Salieron corriendo de casa, dejando una olla llena de caracoles dentro de la chimenea. Estaban cocinando caracoles cuando le tendieron la emboscada. También encontramos el cuerpo de un hombre en el patio de su casa, atravesado con una lanza musulmana y rodeado de animales muertos. Esta escena nos habla de las luchas propias entre musulmanes, llamada razias, en las que, al huir, se escondían en las faldas del castillo. Parece que este hombre trató de rescatar alguno de los animales antes de huir y lo cogieron in situ. Nadie enterró su cuerpo, por lo que, seguramente, su familia también moriría. Es el momento del crimen congelado en el tiempo, rodeado de elementos para analizar qué pasó.

¿Merecen la pena, por tanto, esas horas de sol y mal tiempo?

Mucho. Merece la pena pasar frío, calor, llenarte de barro. A los que nos gusta el campo lo disfrutamos.

Volviendo al entorno 2.0, he leído algunos dichos arqueológicos muy curiosos que me gustaría aclarar para terminar la entrevista, como el que dice aquello de “limpia hasta que se pueda comer encima”…

Yo lo digo mucho (risas). Y es verdad. Cuando localizamos un lugar que ha quedado fosilizado, hay que dejarlo como el jaspe, porque limpiando las cosas de una determinada manera vamos a hacer una buena fotografía, a dibujarlo bien y por tanto sacar una mejor documentación. Así que siempre digo “límpiame eso como si pudiera comer encima”. Imagina el trabajo de limpiar tierra.

Otro dicho dice que “Tres piedras son un muro”…

La arqueología urbana es compleja, porque, pongamos por caso, hay una construcción prehistórica con otra de época romana encima, una medieval encima, luego otra moderna y por último las actuales. Un muro sobre otro. Cuando hay derrumbes por construcción, hay piedras que se caen y excavando siempre encontramos muchas. Tenemos que saber si se trata o no de un derrumbe. Por lo que siempre decimos “si ves tres piedras alineadas, es un muro”, porque seguramente lo fue, ya que alinear tres piedras de manera fortuita es bastante complicado.

Muchas gracias por atendernos para Horajaen.com, ha sido un placer conocer más sobre el interesante mundo de la arqueología en Jaén y el mundo. Sigue las novedades de la excavación en @arqueologiasolarsimago

Gracias a vosotros, ha sido un placer tratar de acercar un poco el trabajo que hacemos los arqueólogos en la ciudad de Jaén.

Por Paz Madrid