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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor

Cuenta la leyenda a la luz de una candela que un tal Mateo, discípulo, habló de ellos en su evangelio y solo a partir del siglo III  después de Cristo le dieron el nombre de Reyes.

Narra la verdad que, aunque decidieron llamarles Melchor, Gaspar y Baltasar, reciben otros muchos nombres anónimos y, detrás de sus barbas y su color de rostro, se esconden miles de historias difíciles.

Decían los antigüos que podrían ser hasta cuatro, pero no, son miles los que entrando a oscuras por ventanas, deslizándose detrás de las puertas cuando sus retoños duermen, haciendo miles de maravillas a veces sin un sólo euro, buscan que la leyenda se transforme en sonrisas y abrazos a la mañana de la ilusión.

Dicen quienes les inventaron, que eran ricos y que llevaron oro, incieso y mirra a Jesús de Nazarét.

Pero me dicen mis antepasados que Melchor recibe numerosos nombres, Antonio, José, Pedro, María,  Isabel…y que todos ellos, disfrazados detrás de unas barbas de pasión, desearon que sus hijos rieran al día siguiente, y a mí, y a tí, quizás os falte ya vuestro Baltasar  o quizás Melchor en las risas de vuestra madre o padre.

Ahora que nosotros somos reyes Magos, que en ocasiones no podéis llevar a quienes más amamos ni oro, ni mirra, ni incieso, a vosotros que os ocultais en la noche para dejar los regalos debajo del árbol y que un día descubristéis la verdadera identidad de los que hoy son viejecitos o se fueron, sin duda sois Reyes mágicos cuando os multiplicáis en esfuerzos por hacer felices a esos mocosos que nos sacan las ganas de vivir.

Fue a partir del siglo XIX cuando se decidió que la noche de reyes se transformara en una fiesta infantil y, me contaron mis abuelos que cientos de reyes magos vestidos de padres y madres se multiplicaron por traer esta noche, a veces realizando verdaderos milagros, la ilusión al corazón de sus hijos.

Hoy va por vosotros, los que estáis y los que os fuísteis, Melchor (Antonio, Pepe, Carmen…), Baltasar (María, Juana…) y Gaspar (…), los que hacéis que esta noche sea un verdadero milagro. Y aquellos reyes y reinas que se marcharon buscando las estrellas montados en el camello del adiós.