OPINIÓN | ¿Quién es el animal?

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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

Este sitio es infernal.

Desde que me dejaron aquí, mis dueños, hace unos días, no escucho nada más que gemidos y ladridos de otros que, como yo, están metidos en jaulas.

Imagino que vendrán a por mí ellos, mis amos, pronto.

No hago caso a lo que cuenta el pastor alemán a los demás que estamos apiñados en jaulas a su alrededor. No es posible. Dice que si no vienen a por nosotros en tres días, nos pondrán un suero en nuestras venas para dormirnos y no despertar más. No lo creo, hoy es mi cuarto día aquí.

No le hago caso. Yo solo me acuerdo de los juegos cuando solo era un cachorro con mis amos, mi familia humana, mordisqueando sus pies, corriendo detrás de una pelota. Son mi vida y los quiero tanto que pronto vendrán a sacarme de la jaula. Todavía me acuerdo cuando fueron a comprarme a aquella tienda de animales cuando era un cachorrito para regalo de reyes a sus hijos, mis hermanos, hace ahora tres años.

Solo así, pensando en ellos, me aíslo de los aullidos y llantos de los demás.

¿Cómo nos van a dormir para no despertar más? ¡Eso no es posible!. Mis amos no lo van a consentir. Me han dejado aquí quizás porque tengan algo que hacer. Sí, es verdad que últimamente los veía algo fríos conmigo, cuando hacía mis necesidades porque ya no me sacaban a pasear, en casa. Pero de ahí a dejarme aquí, tirado, para que no vuelva a verlos, no es posible.

Pero ese maldito pastor no hace nada más que meter miedo a los demás. Que si nos pondrán un lazo en la boca para que no podamos morder, que si nos agarrarán entre dos hombres para inyectarnos el suero, que si luego, ya dormidos, tirarán nuestros cuerpos en bolsas a una hoguera, que nuestros dueños nos han dejado aquí porque se cansaron de nosotros, que esto es una perrera y aquí se sale muerto en tres días o adoptado.

¿Quién es el animal?

Sigo pensando en ellos. Por cierto, no me he presentado. Soy un labrador adulto de tres años y mis amos son maravillosos. Los quiero mucho y yo jamás dejaría a ellos solos. Esto solo es temporal, aunque ya llevo más de tres días aquí. Os dejo, vienen dos hombres con lazos a por mí. ¡Qué alegría, habrán llegado mis dueños a por mí! Los miro con ojos alegres. Cuando me han puesto el lazo en mi cuello y me han sacado de la jaula he oido al pastor alemán despedirse de mí: Hasta siempre, amigo. Nos veremos en el cielo de los perros.

Este año se venderán miles de cachorros en tiendas de animales. Unos años después terminarán en la perrera. Adopta un alma llena de vida de una perrera o protectora de animales. Ellos nunca te dejarían.