OPINIÓN | «Prematuro», aquel limpiabotas de la plaza de las Palmeras

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POR MANUEL VIVAS, Escritor diletante

Una mañana de finales del pasado otoño, tal como acostumbro, di un breve vistazo a la prensa local y provincial que pone a disposición de sus clientes la Cafetería Central,  situada en pleno centro de la capital que por esas fechas trataba de adaptarse a las primeras medidas de reordenación del tráfico impuestas para la peatonalización del centro urbano, viéndome sobrecogido al comprobar que la sección correspondiente venía ese día, 23 de noviembre, con toda una página repleta de esquelas necrológicas.

Reconozco que no suelo detenerme demasiado en esta sección del periódico debido a que me da un poco de “yuyu”, pues uno ya peina canas por la edad y cada vez, tristemente, son más frecuentes las noticia de que alguna persona conocida o de mi generación de comienzos de los 60, les ha llamado San Pedro a su puerta para pasar a mejor vida.  Este fue el caso de JUAN GARCÍA MOYA. Su nombre y apellidos por sí solos no me sirvieron para identificarlo, pero al leer el sobrenombre o apodo de “PREMATURO”, que puso la propia familia en la esquela, en mi opinión, todo un  detalle de cariño y de reconocimiento al arraigo popular que este señor tuvo con la ciudad; fue entonces cuando me vino al recuerdo la figura del difunto, pues siempre fue una persona muy conocida y querida en Jaén, de la que ha formado una pequeña parte de su historia, que con su oficio de lustrador de calzada, como a él le gustaba denominarse, ejerció el oficio de “limpiabotas” con gran profesionalidad y buen saber hacer para agradar a una nutrida clientela que lo buscaba a diario, especialmente, los días festivos a primeras horas de la mañana en su parada o “en su industria”, porque así solía decir a sus familiares y amigos cuando se dirigía a iniciar la jornada de trabajo “que iba a abrir su industria”, sintiéndose dueño de su destino y del fruto de su trabajo; durante muchos años situada esta actividad en la puerta del desaparecido Café-Bar Casa Blanca en la Plaza de las Palmeras, nº 11 (hoy Plaza de la Constitución) y más tarde en el también desaparecido Café Bar Baviera situado en la calle Virgen de la capilla, nº 6. 

Prematuro era un tipo menudo,  sencillo, amable y con un verbo fluido que sabía acomodarse a la condición o estrato social de quién solicitaba sus servicios, donde encontrabas a un profesional como la copa de un pino o a un amigo de una lealtad inquebrantable, siempre con su bata de trabajo azul marino, su puro Farias apurado entre los labios, sentado en su pequeño taburete y dándole que te pego al cepillo y al paño de abrillantar las pieles del calzado, las que lustraba con esmero aplicándoles anilina al agua en sus distintos colores de negro, marrón o burdeos y aquella estupenda crema incolora “Sanz” con las propias yemas de los dedos, en una conjunción de táctiles caricias que le daban a la piel de los zapatos una presencia de domingos, de unos tiempos irrepetibles y de un oficio que ahora queda en el recuerdo.

JUAN GARCÍA MOYA, “Prematuro” sobre todo era un buen hombre, vital y trabajador incansable. Padecía desde muy pequeño un punto de sordera, que nunca se atrevió a asegurar, porque coincidió en el tiempo, si fue debido a las secuelas del sarampión o de los estallidos de las bombas que arrojó la aviación sobre Jaén durante la Guerra Civil, pero lo cierto, es que nunca fue impedimento para escuchar muy bien cualquier llamada u oferta para trabajar honradamente en lo que fuera necesario para subsistir y mantener a su familia en tiempos muy difíciles; es por ello que trabajó de camarero en el antiguo Casino Primitivo y en el Bar Bolero (ambos estuvieron situados en la calle Maestra), en el antiguo Gran Salón Italia, en el desaparecido y prestigioso Hotel Rosario donde obtuvo plaza de limpiabotas. Después y durante la década de los 80 desarrolló funciones de vigilante y limpieza nocturna en el establecimiento de Simago-Prisunic, que tuvo una prospera época comercial en la calle San Clemente de la capital; más tarde se dedicaría a repartir desde muy primeras horas de la madrugada la prensa local por distintos establecimientos y suscriptores, pero siempre y después de toda esta labor, acudiendo puntual e incombustible a su habitual parada de “limpiabotas” para cumplir con su adorado oficio, haciendo gala también de su inquebrantable afición por el Real Jaén C.F.

Como digo de esta gran persona, a la que agradezco haber conocido y por su enseñanza llevó siempre los zapatos muy lustrosos y brillantes; después de muchos años  sin haber tenido noticias de él debido al cese de su actividad por su jubilación o el paso inexorable del tiempo; nos ha dejado para siempre “Prematuro” a los 85 años de edad. Se ha marchado en silencio y con gran dignidad uno de los personajes más entrañables y pintorescos de Jaén,  de los que han hecho historia y contado historias a varias generaciones de jiennenses que, estoy convencido, hemos sabido reconocer y valorar el oficio de “limpiabotas” que nadie como “prematuro” supo nunca desarrollar, presumiendo jocosamente de “tener la profesión más brillante del mundo” y poniéndole la muy usual coletilla de “prematuramente” en razón a que –según contaba- vino al mundo prematuramente, con tan sólo seis meses de gestación. 

Nadie en aquellos tiempos de mediados del año 1932, apostaba un céntimo porque pudiera salir adelante, hasta el punto de que la partera llegó a decir a su madre,  que sí había venido al mundo con seis lunas desde que fue engendrado, moriría, pero que sí había venido al mundo con siete lunas cumplidas en la gestación, saldría adelante. Pendiendo la suerte de un hilo, fueron siete las lunas que le permitieron vivir a su manera, como genio y figura popular  de Jaén durante algo más de ochenta y cinco años.  La providencia quiso traerlo al mundo prematuramente sí, antes que al común de los mortales,  pero también ha querido llamarlo al otro mundo  a una edad longeva, pues a pesar de que su vida haya podido estar situada en uno de los escalones menos significativos de la impuesta escala social, supo hacer de la necesidad ingenio y virtud para desempeñar un papel social activo y digno, muy por encima del que le tenía  asignado el destino, viviendo su vida con felicidad. 

Agradezco haber podido localizar a su hija Raquel García y de que ésta amablemente  me haya contado algunas cosas más que yo desconocía de su padre y me haya autorizado a publicar este artículo donde rendir homenaje a D. JUAN GARCÍA MOYA “PREMATURO” un personaje enormemente entrañable y popular de Jaén, que se ha marchado al gran viaje ligero de equipaje, sin deberle nada a nadie, con la conciencia muy tranquila y la satisfacción de un digno quehacer social cumplido, en silencio, pero con el amor de su familia y el reconocimiento de quienes lo conocimos “prematuramente”.