OPINIÓN | «Juguetes rotos»

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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor JUGUETES ROTOS

Te he visto llorar esta mañana en la sala de funcionarios del Juzgado de familia, pequeño soldadito de plomo con el corazón roto. No sé qué hacías allí, y por qué te han sacado del colegio con tu carita triste cuando solo debías estar pensando en jugar y en ser feliz en tu infancia. 

Peleaba el cambio de guardia y custodia ante los casi cuatro años que llevas apartado de tu padre. Hoy no voy a criticar nada, ni a nadie. Solo quería acordarme de ti, gran soldado, y de la muñeca de porcelana de tu hermanita. Me he preguntado ante tus lágrimas qué hemos hecho, qué hace el sistema que permite que unos niños estén separados de su padre, en este caso, y no quiero que se derive mi artículo a sitio alguno, durante cuatro años. Y has llorado pequeñín, cuando tu padre ha intentado besarte. Y me he preguntado en qué puedo ayudar, en qué puedo ayudarte. 

Sois juguetes rotos de un sistema que no da respuestas. ¿De qué me valía hoy una sentencia que te obligara a ir con tu padre cuatro años después sin tener contacto con él? ¿En qué iba a servir esa resolución ante las lágrimas de tus ojos para mejorar tu vida si tú no entiendes de guerras entre progenitores?

Pequeño soldadito hoy arropado por funcionarios del Juzgado de familia con corazón que se preguntaban como yo, como cualquiera, qué hacías allí si nadie te iba a explorar, por qué  te llevan al centro de la guerra si tu debías de estar pensando en abrazar y besar a los dos, a tu padre y a tu madre.

¿Sabes qué, pequeño gran héroe? Que el día de mañana pediremos de ti, de muchos niños y niñas como tú que sean adultos equilibrados, adultos a los que nos cargamos su infancia entre unos y otros, los agentes sociales que intervenimos en defensa de unos y otros y, ante todo, el desequilibrio importante que tienen  quienes deben velar porque una vez que se acaba el amor, no seáis el arma de destrucción masiva contra el otro progenitor.

Solo quería acordarme de ti, de tantos y tantos niños que sin saber por qué de la noche a la mañana no tienen padre o madre aún en vida y el sistema, saturado y sin medios, no pone solución porque no puede, no alcanza a darla.

Pequeño juguete roto no llores más, no llores más. Tu padre solo quería besarte y yo, te he limpiado tus lágrimas porque eran las que yo derramaba en mi interior. Miro al futuro y espero que este paréntesis hasta la solución definitiva sea la mejor para los soldaditos de plomo como tú con corazón de carne y para las muñequitas que de cara triste y hueso fuerte hecho a base de dolor anhelan una solución para simple y llanamente no ser las verdaderas víctimas de una separación o divorcio.

En lo que a mí me toca, velaré porque no llores más. Te lo prometo. Quizás algún día leas esta mi carta dirigida a ti, a tus ojos llorosos, al no entender nada, absolutamente nada, porque por desgracia también a algunos padres habría que enseñarles vuestras lágrimas guardadas en una caja de cristal noche tras noche, para que comprendieran vuestro dolor. Quizás así comprendieran que siempre debe haber un padre y una madre, hasta que quien quiera que haya detrás de todo esto quiera.