El colegio de enfermería rechaza la «farmacia comunitaria»

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REDACCIÓN.- El 99 por ciento de los pacientes rechaza que los farmacéuticos acudan a sus domicilios a revisar sus botiquines y tratamientos, según revela una encuesta realizada por el Consejo General de Enfermería (CGE) y el Sindicato de Enfermería Satse. De esta forma, el Colegio de Enfermería de Jaén señala que la sociedad avala de forma mayoritaria el posicionamiento de la profesión enfermera en contra de la farmacia comunitaria.

Este informe, elaborado por el Instituto de Análisis de Investigación, deslegitima las reclamaciones de las oficinas de farmacia y sus pretensiones asistenciales. David Álvarez, del Instituto Análisis de Investigación, ha sido el encargado de revelar los datos de esta encuesta de ámbito nacional que ha coordinado la Mesa de la Profesión Enfermera, dando voz a cuidadores y pacientes crónicos con unos 800 encuestados. Entre los llamativos datos del estudio, destaca que el 85 por ciento de los encuestados califica la atención sanitaria de los enfermeros como “sobresaliente”.

Además, ocho de cada diez encuestados consideran que la sanidad pública debería pagar a los enfermeros (ampliando sus plantillas) para atender mejor a los pacientes en lugar de un servicio de farmacia externo puesto que, cinco de cada diez consideran que los farmacéuticos no conocen mejor a los enfermos que esta profesión sanitaria. En las conclusiones de la encuesta se ha reseñado que el 90 por ciento cree que el control de los medicamentos debe estar en manos de médicos y enfermeros porque “son los que conocen los fármacos”. El 98 por ciento de los encuestados cree también que las visitas a domicilio deberán de hacerse por enfermeras y no por farmacéuticos.

El presidente del Colegio de Enfermería de Jaén, José Francisco Lendínez, indica que “la mal llamada farmacia comunitaria es una repercusión de la caída de márgenes que ha tenido la farmacia por la crisis y que quieren recuperar con un modelo diferente al que han estado llevando a cabo siempre”. Según Lendínez, esta dinámica es una forma de privatizar la sanidad, puesto que no pueden ser agentes sanitarios “si se tienen unos comercios”. “¿Quién evita que en el mismo domicilio puedan seguir vendiendo sus medicamentos?”, se pregunta.