OPINIÓN | La Charca de Pegalajar, emblema de un pueblo de Sierra Mágina

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POR MANUEL VIVAS MUÑOZ,  escritor diletante

Y lanzó un lamento desgarrador a los cuatro vientos, a esos aíres que otrora ondularon las quietas y transparentes aguas de La Charca de Pegalajar; que blandean las estribaciones del Almadén en Sierra Mágina, en delicada y tierna caricia de sus primitivas y aterrazadas huertas que se desparraman desde La Serrezuela hasta el Valle del Guadalbullón. Un lamento de socorro, que es a su vez grito de sentimiento unánime de todo un pueblo escrito con sufrimientos de sudor y lágrimas sobre los muros de su Charca: “A QUIENES LA VIDA DI, LES RECLAMO EN JUSTICIA, QUE NO ME DEJEN MORIR”.

 Parece que fue ayer y han pasado ya casi tres décadas desde que La Charca en Pegalajar cayera herida y este lema se plasmara en sus paredes. Herida de muerte cuando cesó el flujo y se acalló el rumor de pretéritas y brumosas aguas del manantial “Fuente de la Reja”, dejando de manar vida, alegría y riqueza materializada en agua pura y cristalina. Cultura del agua y de su trasiego arraigada desde tiempo inmemorial en el agricultor pegalajeño, para él que La Charca fue clave en sus quehaceres diarios del campo, además de un emblema de identidad que durante siglos ha conjugado perfectamente con su pueblo.

Pero llegaron los consabidos progresos de cada final de siglo y con ellos la sobreexplotación de los acuíferos por un desordenado incremento urbanístico, mientras que La Charca se desecaba poco a poco en su agonía silenciosa y, por el contrario, sólo se llenó de tristeza  y de hastío acallándose el sonido del agua por las acequias. Se disiparon los aspectos sociales, lúdicos y culturales que antaño se desarrollaban entorno a La Charca (el baño, los juegos infantiles, el estanque navegado con barcas, el bullir y las conversaciones de la gente y hasta el afamado festival de cante flamenco…), en un marco de especial atracción y de belleza irrepetible que hoy se siente maltratado. Decadencia, desolación y mucho tiempo transcurrido de abandono político y sequedad consentida, pero también de una prolongada pasividad popular ante lo improcedente.    

Es cierto que se alzaron, aunque sin éxito, algunas voces y humildes gestos de algunos vecinos del pueblo en defensa de una de las principales señas identitarias de su patrimonio histórico-ambiental. Algunos vecinos por su valiente gesta defensiva tuvieron procesos judiciales hace una década acusados de deslucir un Bien de Interés  Etnológico y Cultural. Actualmente se busca a los responsables de una nueva pintada para llamar la atención pública sobre los muros de la Charca: ¡PEGALAJAR, DESPIERTA QUE ESTÁS DORMIDA!. Incomprensiblemente los gobernantes municipales se apresuraron  en catalogar esta acción como un acto vandálico y procedieron a su rápida eliminación, cuando debieron defenderla, perpetuarla y ponerse al frente de estas reivindicaciones para sonrojo de quienes con su gestión produjeron o consintieron esta penosa situación. 

En absoluto considero que estas acciones deban ser entendidas como actos vandálicos y tales mensajes merezcan ser borrados o castigados sin una solución previa del problema, porque no dañaron ni deslucieron el bien protegido, más bien éste se engrandece con lo que significa reclamar justicia.  Es la forma más directa que han encontrado unos dolidos ciudadanos a ejercer su derecho de expresión reivindicativa, que es en definitiva la voz de la voluntad paciente y callada de todo el pueblo de Pegalajar que desea salvar su Charca.  Quizás este contrasentido, cuando desde las propias administraciones poco o casi nada se ha hecho para lograr que el agua vuelva a embalsar, me hace pensar que ciertamente “Pegalajar esté dormida” y con ciertos remordimientos de conciencias por no haber sabido defender con determinación una de las principales señas de identidad de este bello pueblo de Sierra de Mágina. 

 Pero la sabia naturaleza ha optado por concedernos otra oportunidad, una lección que debemos aprender y nunca olvidar. Nos ha regalado un último periodo invernal de persistentes lluvias que han preñado de limpias aguas nuestra tierra jiennense que rebosa en manantiales, arroyos y fuentes. Es verdad que, a diferencia de otros lugares de la provincia, en Pegalajar se ha hecho esperar este bendito “reventar de las aguas subterráneas” lo que nos da una visión del grave deterioro que sufren sus acuíferos.   

Hace muy pocos días y sin que la voluntad ni la mano del hombre haya tenido nada que ver en ello, La Charca de Pegalajar se ha engalanado rebosante de abundantes y cristalinas aguas provenientes de su “Fuente Vieja” o “Fuente de la Reja”. Un regalo que es motor de riqueza indiscutible por el que se debe luchar sin denuedo y aunar todos los esfuerzos posibles para conseguir, de una vez por todas, que La Charca no vuelva a desecarse y presentar una imagen moribunda, permitiéndole que tenga una vida digna. 

La Charca en Pegalajar se ofrece bañada por sus aguas; envuelta en un halo de misterio, quietud y encanto al despertar en la mañana y al abrir las puertas de un pueblo agradecido a tanta belleza natural, que recibe hospitalario como siempre lo hizo, a los muchos visitantes que por este motivo llegan ahora desde muy distintos lugares de nuestra geografía para vivir, para sentir, para gozar de este milagro de la naturaleza sobre una grandiosa obra del hombre, siendo sin duda un atractivo más para el turismo rural que decide adentrarse por los senderos y  pintoresco pueblos de la comarca de Sierra Mágina. Un recorrido al que a todos invito a vivir, lleno de extraordinarias sensaciones que asombran y cautivan para siempre al visitante.