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POR MANUEL VIVAS, escritor diletante

Esto que hoy escribo lo hago desde la más profunda desolación e indignación personal. Estoy convencido de que mi opinión la comparten multitud de ciudadanos que se siente españoles y que respetan las reglas de juego democrático y el orden jurídico que emana de la Constitución Española. Quiero decir por tanto, que lo del “procés” para la independencia de Cataluña y la declaración de una republica catalana que la separe de España, me parece  “El cuento del haba que nunca se acaba”  por esa actitud machacona y reiteradamente desobediente con la que actúan los lideres, afiliados y seguidores de partidos políticos secesionistas catalanes.  ¡Ya esta bien de tolerar tantas afrentas, desprecios y desafíos rupturitas !. La crisis de Estado, política y de fractura social provocada por las muy diversas acciones ilícitas del independentismo catalán, están originando grave riesgo e innumerables perjuicios económicos y socio-políticos tanto para la Comunidad Autónoma de Cataluña como para el resto de España; por lo que sería más que conveniente que cesara cuanto antes este “cuento” que por suerte cada vez son más los que dejan de creer en su significado, cargado de rotundas mentiras. Debe de instaurarse la normalidad y el respeto a la legalidad mediante la cordura y el dialogo político, pero sin que ello signifique hacer “borrón y cuenta nueva” y “se vayan de rositas” quienes han incumplido y siguen incumpliendo deliberadamente la ley el orden que la mayoría venimos respetando. En última instancia y si esto fracasara, el Gobierno debería aunar posicionamientos y cerrar filas hacia una posible ilegalización de los partidos políticos directamente responsables de tanto “boicot e ilegalidad” dejándolos fuera de las instituciones de autogobierno con las mismas reglas de juego que ellos se jactan de desobedecer una y otra vez.

Mientras esto no ocurra o se articulen otros mecanismos para una rápida y contundente solución del conflicto; los grupos políticos del independentismo radical, continuarán pasándose por el “arco del triunfo”, o lo que es más claro, “por el forro de los guevos”, todo lo que representan las leyes que a ellos no les conviene; dándole jaque a la Constitución; repartiéndose la tarta a su antojo; malversando fondos públicos o apoyando la cobarde desfachatez de mantener a políticos prófugos y con cuentas pendientes ante la justicia, viajando y viviendo a lo grande por Europa o dándoles cancha para estar presentes en las instituciones y poder gobernar Cataluña desde el exilio o desde la cárcel.

Todo esto me entristece como español y como andaluz, especialmente por esos vínculos de afectividad y gratitud que siempre ha habido entre Andalucía y Cataluña. No olvidemos que Cataluña fue el destino preferido por muchos andaluces para emigrar en tiempos difíciles, lograr un empleo digno y tratar de alcanzar una vida mejor, sin obstáculos, diferencias identitarias ni fronteras. De hecho muchos andaluces, entre los que me incluyo, tenemos a familiares viviendo e integrados desde hace muchos años en la Comunidad Autónoma de Cataluña, por lo que es indudable el cariño que muchos andaluces sienten hacia Cataluña y de ahí que no queramos verla fracturada ni social ni territorialmente.

El imperio de la ley, el respeto a la libertad y a la democracia se fundamenta en gran medida en actuar bajo la legalidad y la buena fe de los actores institucionales, dando por sentado que los partidos políticos y los cargos públicos representantes de los ciudadanos aceptan y respetan la democracia y deben de actuar dentro de la legalidad, por lo que no es posible prever ni legislar sobre los caprichos y escenarios que los secesionistas catalanes quieran plantear en cada momento. Cuando la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la repetición de elecciones el 21-D no están resolviendo gran cosa en Cataluña; el Gobierno de España no puede mirar hacia otro lado, ha de poner inmediatamente ante la justicia a todos esos políticos que hayan podido ser autores de los graves delitos de rebelión, sedición, malversación de fondos públicos o desacato y desobediencia reiterada a la autoridad,  lo que les llevará inevitablemente a la cárcel, no por ser presos políticos, sino simplemente por ser políticos delincuentes que no respetan la ley, la democracia ni la voluntad del conjunto de la sociedad española, lo que les inhabilita de facto para continuar ejerciendo cualquier cargo público.

El escenario actual del conflicto en Cataluña no es otro que el de unos grupos organizados de políticos secesionistas que bajo las siglas de sus partidos y amparados en cierto apoyo popular campan por sus respetos en la esfera política catalana, con actitudes claramente provocadoras y desobediente a todo lo que conforma el Estado de derecho y la democracia, poniendo en una encrucijada a Cataluña y a  España, a la vez que, obstaculizando con sus decisiones parlamentarias el normal funcionamiento de las instituciones, aun a sabiendas, de que el partido más votado en las últimas elecciones no fue precisamente independentista y más de mitad del pueblo catalán es contrario a la independencia, a la vez que no cuentan con la voluntad del resto de España.

Así las cosas, repito, mucho me temo que finalmente el Gobierno tendrá que plantearse la posibilidad de ilegalizar a esos partidos políticos radicales, que tienen una ideología y programa de gobierno separatista y que cuentan con motivos acumulados más que suficientes para su ilegalización, dejando paso a la programación de una nueva convocatoria electoral en Cataluña.  No sería la primera vez que esto ocurre en la historia de nuestra democracia, recordemos, que durante el conflicto vasco las formaciones políticas de Batasuna y sus antecesoras Erri Batasuna y Euskal Erritarrok, fueron declaradas ilegales por sentencia del Tribunal Supremo, ratificada después por el Tribunal Constitucional y confirmadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, quedando dichas formaciones políticas fuera de las instituciones vascas.

De no haber sido por la preocupación que actualmente reina en la Comunidad Europea por mantener la cohesión y pervivencia del proyecto europeo, en parte golpeado por los cambios de tendencias, los populismos y las corrientes independentistas que también están surgiendo en otros países; a veces me pregunto, después de tantos capítulos de este largo serial del “conflicto catalán” si no podríamos estar ahora ante un escenario muy diferente… De momento, la Unión Europea ha dejado claro que “Un territorio desgajado ilegalmente de España quedaría a la deriva, sin moneda, sin comercio exterior, sin reconocimiento ni relaciones políticas…en riesgo cierto de completa y total ruina”.  No sabemos lo que pasará mañana si el conflicto se enquista, se alarga en el tiempo y son escuchadas las soflamas y falacias del expresidente de la Generalitat y de otros políticos autoexiliados que andan empecinados a la búsqueda de apoyos en Europa y otros foros internacionales.

Recuperar el sentido de la realidad y de la normalidad constitucional en Cataluña es algo imprescindible que a todos interesa, pues son muchos los riesgos y  pocos los beneficios que la actual situación genera para la unidad y progreso de España, pero también,  porque entre unos y otros se está ofreciendo una imagen de “puta pena” ante todo el mundo, impropia de un país desarrollado y soberano como es el nuestro.