OPINIÓN | «Ejemplos de vida»

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Imagen del día en que sucedieron los hechos en mayo de 2018. FOTO: HoraJaén
Imagen del día en que sucedieron los hechos en mayo de 2016. FOTO: HoraJaén
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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

El día 28 de mayo del 2.016,  Vanesa perdió a su familia en un incendio acaecido en una casa de campo en el Puente Tablas en Jaén. En él partieron de este mundo, entre otros, su esposo y sus dos hijos pequeños…Pero Vanesa no murió en vida y hoy es un ejemplo. Escuchad…

Querida Princesa de cuento maltratada por la vida:

Sé que no te gusta lo que voy hacer, pero he de dejar patente ante el mundo y la ciudad de Jaén, que hay héroes sencillos, de la calle, que son difíciles de ver pero que están ahí, porque tú eres mi ejemplo de vida. Bajaste al fondo del mar del dolor ese aciago día familiar  y, cuando todos esperábamos que te ahogaras, nos diste una lección difícil de asimilar. Porque es imposible ser más grande que tú, Vanesa. Cualquiera de los que somos mortales no hubiéramos renacido jamás, pero tu sonrisa, tu alma, y esa fortaleza que solo lleváis seres extraordinarios, ayudada por esas dos muletas en tu vida (madre y hermana), ahora resulta que los besos y abrazos que la vida te arrebató, te los devuelve en forma de retoño que ya está junto a ti. Inmensa alegría la que siento al conocer la noticia. Decidiste volver a ser madre por inseminación artificial, con los grandes adelantos de hoy en día, para dar ese amor que llevas dentro y que la puta vida, en ocasiones, te privó de dar.

 Pues eso, que estamos acostumbrado a idolatrar a tipos que dan patadas a un balón y que cobran millones de euros y no vemos el verdadero héroe que hay en la gente humilde como tú, la gente de la calle con la que nos cruzamos a diario, y no alcanzamos a ver esos ojos llenos de tragedia pero que son capaces de levantar a personas que estamos pensando en problemas banales, cuando el verdadero problema aparece sin darte cuenta, en un segundo, ¿verdad, Princesa?

 Yo me habría ahogado en el mar del dolor y la desesperación y posiblemente nunca más hubiera vuelto a sonreír. Pero tú, tú me has enseñado que todos los días vuelve un nuevo amanecer con un sol que ilumina nuestras existencias. Estoy seguro que los besos que ahora vas a recibir, que ahora te darán, el abrazo a tu cuello y el calor que sentirás en tu regazo,  te harán aún más fuerte para soportar algo insoportable. No te enfades conmigo. Solo quería decir a Jaén que tenemos una mujer tan grande como la Catedral. Una mujer a la que ya le faltan las lágrimas pues  ha debido derramarlas todas en este su camino y que sin embargo nos enseña que hay que luchar sí, o sí, contra las adversidades. Solo espero un día poder abrazarte y decirte que tú, sí, ¡eres  mi ejemplo de vida, Vanesa! Que nadie olvide este nombre. Ese golpe del destino que debió de dejarte noqueada, ahora lo esquivas con un derechazo directo a la esperanza: ¡La que vive en ti! Ánimo, Princesa. Que un día el sol de Jaén ilumine tu vida y tu nueva pequeña vida y no olvides que hay mucha gente aquí abajo y en otro sitio velando por ti. Y vuelvo a pedirte perdón pues un inútil como yo no es quien para escribir de una mujer tan grande. 

Pd.- Da un fuerte beso de mi parte a tu hermana y tu madre.  Y ahora, Vanesa, escucha a Jaén, lo que te tienen que decir. Pues nuestras gentes humildes no son ajenas al ejemplo que has dado en tu vida. Aprendamos a vivir.