Publicidad

POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor

Aunque no sé quién eres… Tómame de la mano. Aunque no tenga recuerdos y no sepa por qué me sonríes y me besas, aprieta fuerte mi hombro. Aunque te ignore y mire a otro lado porque he borrado todo mi pasado, no dejes de besarme. En lo más profundo de esas neuronas que ya no están, alguna luz hay, muy difusa que me hace querer recordar quién está ante mí. Me he olvidado de tantas cosas, de lo que he comido, de dónde estoy, de lavarme, de peinarme, que volví a ser un bebe.

Por eso, por eso mismo, debes de abrazarme más aún. Comencé perdiéndome cuando volvía a casa y, finalmente dejé de reconocer a los que conmigo vivían. Pero esa agresividad que viste nacer en mí, hacia quienes más me amaban, es producto de eso que llaman la enfermedad del olvido, el olvido de los recuerdos buenos y de los malos, el olvido de a quienes amé, el olvido de que soy una persona que ya no tiene memoria. No volveré a recordarte, pero abrázame ya que, curiosamente, esa sensación aún la recuerdo. Aunque te insulte y me muestre nervioso cuando te tengo delante, bésame, porque también esa sensación quedó impregnada en algún lugar de mi cerebro. Hoy soy yo, pero mañana, mañana, serás tú, porque el olvido no olvida a ningún ser humano.

Todos los años miles de personas la padecen por la muerte progresiva y gradual de sus neuronas. Si tienes algún enfermo de Alzheimer no olvides que, aunque lo parezca, él o ella nunca te olvidaron. Contra el olvido más besos y abrazos.