OPINIÓN | «Navidad», por Luis Heredia

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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor

Pues sí, ya llegó. Y para mí más que tiempo de sonrisas y unión, es tiempo de pellizcos en el alma y borbotones de saliva en la garganta que no me dejan tragar. Cuando ya tenemos algunas decenas de años a la espalda, se acrecienta más que nunca aquellos recuerdos de pequeños sentados a una mesa y rodeados de nuestra gente, de sus villancicos nacidos desde su voz que tanto desearíamos volver a escuchar, de sus sonrisas. Ahora faltan muchos y dentro de poco, quizás, faltarán algunos más, si no nosotros. Cómo me gustaría volver a ser niño para pegar mi cara al pecho del que ya me falta. Y sin embargo he de seguir, y mostrar mi cara más amable porque mis niños en los que me veo reflejado no sepan que corre por mi interior. Navidad, sí. Hoy me acuerdo de aquellos besos y abrazos que ya no están; siempre lo hago, pero hoy, quizás, más. Y veo y siento que cientos de familias y personas en España le pasan como a mí. Y me asomo a la ventana de mi país y veo también a muchas familias que no tendrán un hogar donde calentarse y quizás, añoran como yo a los que les faltan pero sin un hogar.

Porque esta sociedad nuestra con leyes que protegen a los más fuertes los habrán desahuciado. Y de aquellos otros que tendrán que ir a comer a comedores sociales mientras nosotros lo pasamos en grande con cenas copiosas y caras, dando golpes de kilos a nuestros cuerpos ya de por sí rellenos. Navidad. Qué equivocados estamos con lo que realmente significa. Porque debería suponer tiempo de tender la mano al más necesitado, de abrazar al desconocido, de abrir nuestro corazón no solo para añorar, sino también para ayudar.

Y sin embargo es tiempo de fiestas, con los amigos, como si en el año no hubiera tiempo para hacer lo que ahora hacemos por obligación. Para aguantar al familiar de turno en la cena del nacimiento de nuestro Rey cuando estaríamos deseando coger el langostino y clavárselo en un ojo. Porque es tiempo de rascarnos los  bolsillos y llamar a los reyes de oriente o no sé de dónde cojones o al gordo ese que se viste de rojo para que nuestros niños tengan el mejor regalo jamás conocido. Navidad, claro, qué bonita es cuando te doy un abrazo porque el alcohol se me ha subido a la cabeza y en cuanto te rodees te  escupiré críticas ante los demás o te soltaría un pescozón que no te levantaras del suelo. Sí, me gusta. Sin embargo para mí es tiempo de caretas, de qué buenos somos todos y qué bien lo pasamos sin mirar al que realmente le falta, al que necesita. Bueno, os dejo, me  voy de comida y ya os he jodido un poco la vuestra. No era mi intención.

En algo coincidimos: nos falta un abrazo, sí, un abrazo. Nos falta ese olor en ese sitio vacío. Y como quiera que no debáis atender al aguafiestas que escribe os deseo lo mejor y, a ser posible, iniciar sonrisas ante los vuestros aunque vuestra alma esté con él o con ella allá donde ahora habita. Un deseo para el próximo año: Iniciar un círculo de hacer un favor a alguien que lo precise para que al final este mundo, este jodido mundo en el que vivimos una vida única y especial, sea algo mejor. Formemos una pelota de solidaridad en Enero, en Febrero, o da igual el mes sin esperar al final del 2.018 y, por supuesto, besar y abrazar a los que están porque mañana ya será tarde. Y, mirar en vuestro interior y sacar lo mejor de vosotros para con los que os rodean. No somos perfectos y, nadie aquí abajo lo es. Quizás por ello hoy, más que nunca, os deseo Feliz Navidad, familias.