MOTOR&SPORT | Fiesta y conducción

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En puertas de las fiestas navideñas, las celebraciones, comidas de empresa y reuniones de amigos aumentan en estos días.  Disfrutar, celebrar, comer y beber forman parte del escenario y costumbres dando rienda suelta a la alegría que suele darse en este tipo de reuniones. No cabe dudas de que todo es” Paz y Amor”, felicitaciones y deseos, aunque el resto de año sea de otro modo. Un elemento que suele darse en estos días, acompañando al buen comer, es el alcohol. Se bebe más de la cuenta y con ello aparece el riesgo cuando se conduce en los desplazamientos cortos subestimando el peligro que supone hacerlo bajo los efectos de las bebidas espirituosas y la pérdida de percepción que ocasiona de la realidad y las consecuencias que puede acarrear esta situación de euforia y alegría.

Esta situación se traslada a todo el ámbito navideño donde se dan estas situaciones y donde el alcohol y el riesgo toman un protagonismo nada deseado pero que por desgracia se dan con demasiada presencia. En imaginable las consecuencias que puede tener y la irresponsabilidad de quienes creen que la alegría y celebraciones deben de ir ligadas a las bebidas alcohólicas despreciando su vida y la de los demás al perder la consciencia y relajar la atención que se debe de tener en cualquier circunstancia cuando se conduce cualquier vehículo, sea cual sea el recorrido y la distancia, pero sobre todo en esos desplazamientos menores donde se piensa que no va a pasar nada y que la frase lapidaria de: “ si voy bien, yo controlo” hace que lo que habría sido una jornada de diversión, risas y amigos, se convierta en una trágica experiencia y un fatídico accidente de consecuencias imprevisibles.

No es una cuestión de no beber, cada cual que haga lo que mejor le venga en gana pero si de responsabilidad a la hora de hacerlo y coger los mandos de un vehiculo después. Es mejor en todos los casos, cuando se bebe, dejar el volante en manos de quien no beba, coger los transportes públicos y hacer noche si la distancia es mayor del punto de residencia. Todo sea por la alegría y nunca por la tristeza y el dolo de transformar una bonita jornada en la visita obligada al hospital, – en el mejor de los casos-, o del Tanatorio en el peor de ellos. Unir conducción y alcohol no es la mejor idea y desde luego no tiene un recorrido que lleve a ninguna parte. Alegría siempre, alcohol en la medida que cada cual decida pero jamás cuando se trata de conducir y desplazarse. El sentido común y la responsabilidad deben de superar cualquier otra circunstancia que determine y produzca el indeseado accidente y sus consecuencias. Salud y vida para todos y todas, disfruten y sean felices pero NUNCA mezclen en un cóctel el alcohol y la conducción, suele tener mal gusto y peor destino.