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POR ÓSCAR J. LABELLA, abogado 

Por un momento parecía que el único problema en Cataluña era el referéndum. Después del 1-0 acabaría todo este panorama. Por tanto, sería tan fácil como acogerse a la ley, aguardarse al amparo del Tribunal Constitucional, cerrar los ojos y gritar: Este referéndum es ilegal.

Como si el problema fuera jurídico, como si el problema fuera el referéndum, como si fuera algo puntual. Pues no. Cataluña es otro episodio más, otro de muchos más. Llevamos toda la historia –en su totalidad- escribiendo libros y más libros de guerras, conquistas, y más guerras y a la vez conquistas con sus conquistadores que levantaban fronteras e inventaban diferencias entre nosotros.

La mayoría entendemos la frontera como aquel espacio físico, ya sea muralla o verja, que divide un país de otro. El tuyo del suyo. Para diferenciar bien quien manda aquí, ahí y allí.

Pero no solo existen estas delimitaciones transfronterizas, hay otras,  las que más me interesan y las que más deberían conocerse. Son las denominadas Fronteras Virtuales. Aquellas que no se pueden ver, ni tocar, pero que si se sienten. Son aquellas que generan la propia ignorancia, el odio hacia los demás, los prejuicios raciales…

Durante siglos hemos levantado fuertes fronteras para defender nuestro territorio, es decir que desde siempre las fronteras han servido para defendernos de nuestros enemigos. Una vez asegurado el perímetro sería la hora de volver a dividir territorios para gestionar las tierras, es decir las grandes potencias dibujaban sobre el mapa líneas que separaban los campos de cultivo. Sin importar quién hubiera allí. Lo importante era la materia prima, ya sea oro o petróleo. Claro ejemplo es África, dividido por líneas rectas dibujadas por las grandes potencias que se asignaban territorios sin más. La consecuencia son las miles de personas que mueren cada día a manos de diferentes tribus, que durante siglos vivieron separados y ahora comparten territorio. Pobres que no tienen para comer, que viven con miedo de que le disparen, miedo de que sus hijos sean reclutados de manera forzosa por los terroristas armados que torturan a sus demás familiares. Miedo cada noche de ir a la cama, porque quizás sea su última noche.

Pero no sentáis lastima. Vivimos en una sociedad donde importa más la muerte del perrito en el piso de arriba que la muerte de una persona en otro continente. Al otro lado de la frontera.

Y además, guerras ha habido siempre, no una ni dos, centenares de ellas. Todas ellas con un mismo objeto, conquistar territorios. Y así poco a poco el mundo, se ha ido convirtiendo en un tablero de parchís, solo hay que ver la cantidad de colores y banderas que existen. Llega a ver tres o cuatro banderas en un mismo país. Podemos llegar a ver la misma bandera pero con distinto escudo. Y mi pregunta es; ¿a quiénes representan esas banderas?

Todos somos ciudadanos de un lugar llamado mundo. Porque algunos pocos le des por levantar fronteras e inventar diferencias entre nosotros no podemos sentir prejuicios raciales o, directamente, odio. Simplemente porque hay una frontera que nos separa.

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, gracias sobre todo a las nuevas tecnologías, a la web 2.0, al 4G… Sin embargo nos empeñamos en seguir poniendo más fronteras. Y todo esto es porque sentimos miedo, nos sentimos vulnerables, estamos acostumbrados a atrincherarnos de nuestros ‘enemigos’ tras las fronteras y ahora vemos que con el internet nuestras defensas se debilitan.  Cuanto más comunicados, los pueblos tienden a ser más cerrados. Otro ejemplo, hace un año, con los refugiados de Siria, día tras día muriendo miles de personas, sin embargo, ante la eminente amenaza de refugiados hubo personas que se posicionaron como anti inmigrantes. Porque entre ellos había terroristas. Seguramente esas personas no sean conocedores del origen en la guerra de Siria, como las grandes potencias accedieron a su territorio con el mismo fin de siempre. Conquistar, dominar el territorio y explotar sus tierras. Recordemos que Siria, por su atractiva zona geográfica durante años ha querido ser conquistada. Sirve como puente de unión entre oriente y occidente.

Y toda esta reflexión me viene por los acontecimientos que están ocurriendo en Cataluña. Sus dirigentes políticos llevan años luchando por la independencia, porque en Cataluña hay una fuerte presión social, de identidad, de nacionalismo. En definitiva, gente que se siente Catalana y no española. Y yo me pregunto, ¿acaso no somos todos iguales? Y no me refiero iguales ante la ley, que también. Me refiero a que somos ciudadanos de un lugar llamado mundo. Yo siento orgullo de esos catalanes que se sienten catalanes y defienden sus tradiciones. Me encanta como los vascos siguen pronunciando el euskera, me encanta conocer a un gallego y notar su acento diferente al mío, porque eso también me gusta, el acento andalu’. Y eso no hay bandera ni político que lo vaya a impedir. Aunque todos compartimos un mismo territorio, La Tierra, durante años hemos convivido diferentes pueblos y hoy tenemos nuestras tradiciones, como se dice por aquí, nuestras cosillas.

Entonces porque después de tantos años hay gente que se quiere independizar, ¿acaso en Cataluña se pretende eliminar el catalán? No. El problema es político, que asco le tengo a la política. Antes eran emperadores y monarcas, y ahora son políticos de turnos. Porque se empeñan en dividir a la gente. En generar odio. Yo siempre digo que los políticos no son más que el fiel reflejo de la sociedad. Pero debemos tener en cuenta que si yo me quejo por algo me aguantan mis padres y amigos, si se queja un político éste llega a millones de personas gracias a la magnífica labor de los medios de comunicación: carroñeros. Estos últimos son empresas y como tal quieren vender, y lo que vende es la cizaña, la riña, los enfrentamientos, las peleas, el odio. El odio entre las personas. Y esto a su vez genera violencia. Y la violencia genera aún más violencia.

En España cuando juega la selección española somos españoles, el resto del año sacar una bandera puede ser de fachas. En España, dos meses antes a las elecciones dejamos de ser españoles y nos convertimos en gente de derechas o de izquierdas. Del pp o del psoe. Como si dijéramos del Madrid o del Barça. Como si dijéramos de Coca Cola o Pepsi. La política no debería servir para separar sino más bien para unir. El problema de Cataluña es la política, como en el resto de países. Como decía Puidgemont en su entrevista para Salvados: Con Rajoy no me puedo sentar en una mesa y llegar una acuerdo por nuestras ideologías. Falsas ideologías que se inventan. Todos somos iguales. Y en Cataluña hay gente maravillosa como en Burgos o Cáceres.

En todo caso nos podemos manifestar por la economía, por los recortes en sanidad o educación. ¿Pero por la independencia? ¿Independencia de un país, o de un gobierno? ¿Independencia de Rajoy? Para mí los catalanes son iguales que los franceses, los chinos o los saharauis. Ciudadanos que conviven conmigo en este planeta. Lo que nos divide no deberían ser las fronteras virtuales, sino la soberanía. Este matiz es importante, porque la diferencia entre uno y otro es el gobierno, pero nada más. Por lo demás somos iguales, necesitamos agua para vivir, queremos a nuestros familiares y nos preocupamos por vivir cada día y ser felices.

Nuestros políticos deberían saber dialogar y llegar a acuerdos, dejar sus falsas ideologías fuera de la sala, y empezar a mirar hacia delante, por un bien común. Cataluña se merece ser más Cataluña. Se merecen decidir libremente, de manera lícita. Se merecen un respeto. Los españoles nos merecemos un respeto. Porque el respeto es la base de la convivencia. Y como ya he dicho unas cuantas veces, somos humanos, de un mismo lugar llamado mundo.