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POR MANUEL VIVAS MUÑOZ

La continua escasez de lluvia y las altas temperaturas de este inicio de verano, han hecho saltar todas las alarmas y crecer la preocupación por los efectos de una pertinaz sequía, cada vez más visibles y perjudicial para nuestro campo jiennense. El calor y la sequedad nos aletarga el cuerpo y nos aturrulla hasta el pensamiento, llegando al extremo de hacernos a muchos sentir, que las cosas importantes podrían ser diferentes y que los humanos podríamos hacerlas de una manera mejor para nuestra supervivencia conservando un medio natural más favorable.

Sabiendo los agricultores que estaban ante un nuevo año de sequía, como ha venido sucediendo en los dos anteriores, imploraban al cielo por una primavera algo más lluviosa, pero la esperada lluvia no ha bendecido los campos y todo augura a que los cultivos no van a tener el desarrollo adecuado, lastrando las próximas cosechas y presionando al alza los precio de muchos productos básicos, resintiéndose por tanto el bolsillo de los consumidores, muy especialmente en nuestra provincia, donde la agricultura del olivar y la producción del aceite de oliva es tarea y fuente de riqueza esencial, cuyos precios ya de por sí están situados a niveles muy altos en la actualidad.

Jaén, es la provincia que menos porcentaje de lluvia ha recibido con respecto a la media anual, tan solo de un 37,8 por ciento, muy por debajo del agua de lluvia que cae normalmente en un año.  Los efectos ya se hacen notar debido al largo periodo de sequía que atravesamos. Muchos de los embalses de la provincia se encuentran por debajo del 45% de su capacidad, lo que complica poder afrontar un verano con todas las garantías para el riego de los cultivos. Aunque se anuncia oficialmente que el abastecimiento de agua para el consumo humano está asegurado, de seguir así las cosas, con toda probabilidad habrán de adoptarse medidas de restricción de agua.

¡Sequía, sequía… Caótica sequía casi de todo…! Hasta el recientemente inaugurado “barco solar” que navega el Pantano del Tranco, tiene ahora dificultades para llegar al muelle de atraque y que la accesibilidad de los turistas sea adecuada.  Sus promotores no previeron que en temporadas de máximo estío, la isla de Bujaraiza se convierte en un istmo donde los ciervos corretean, berrean y luchan entre sí para liderar su harén mucho antes de que nos lo enseñaran los documentales del recordado naturalista Félix Rodríguez de la Fuente; como igualmente en época de sequía el inundado pueblo y castillo de Bujaraiza emerge de las profundidades pantanosas, como lo hace también el Puente Renacentista de Ariza, pidiendo justicia por la sin razón de su abandono, con una imagen inerte pero espectacularmente bella que sorprende con toda su grandeza al espectador.

No cabe duda de que algo extraño está pasando en el medio ambiente y también en el medio social y político. Es evidente que se está produciendo un cambio climático mundial, pero al mismo tiempo, una manera diferente de entender la vida cotidiana y las políticas responsables que habrían de gobernarla, dando toda confianza posible al ciudadano desde un quehacer sentido, desinteresado y responsable de servicio a favor de la comunidad y del interés esencial de todos sus integrantes, por lo que opino, que no se echan demasiadas cuentas al asunto, hasta que llegue el triste momento de “vernos todos con el aparejo a la barriga” como dicen en mí pueblo.

Debemos apelar a la responsabilidad y al buen uso del agua y de todos los recursos naturales que tenemos por ahora a nuestro alcance. Se deberían acentuar las medidas de cooperación para la protección del medio ambiente y para combatir el cambio climático, dado que ya es un problema ecológico a escala mundial y los gobiernos deben actuar conjunta y decididamente para frenarlo y poder adaptarnos a sus consecuencias.

No es nada recomendable instaurarnos en la complacencia, la apatía y el desanimo, que nos conduciría irremediablemente a la omisión y al fracaso. Los ciudadanos, a la vez que consumidores, también debemos en la medida de nuestras posibilidades, aplicar a nuestra vida cotidiana acciones que ayuden a combatir dicho cambio climático, tales como, hacer un uso racional del agua, proteger el medio natural, evitar vertidos o emisiones contaminantes y hacer todo lo posible por crear un mundo más sostenible y mejor; pero también, reclamando de las instituciones internacionales, nacionales, regionales, provinciales y locales que aúnen esfuerzos y adopten medidas de cooperación eficaces para combatir el cambio climático que nos amenaza y lo está cambiando todo.