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JUAN PEDRO RODRÍGUEZ, profesor jubilado y autor de la Gramática gráfica al juampedrino modo y de la novela El paripé o los desertor@s de la tiza

Estoy harto, como cualquier español, de que mueran ciclistas y más harto aún, como conductor, de toparme ya casi a diario con un enorme abanico de casos en los que siempre –hasta hoy y toco madera- hemos salido bien parados tanto yo como el ciclista solo, o en pareja, o en grupo, con que la casualidad nos ha ido colocando sobre el asfalto que a todos nos pertenece por igual. He tenido suerte –hasta hoy y toco madera- pero sé perfectamente que, el aciago día en que esa suerte se nos tuerza a ambos usuarios de la carretera, cada leve rasguño a un volante equivale macabramente a una muerte sobre un manillar. Por eso voy tan precavido, por eso aplaudo las normas que se dictan para que no ocurra el percance, por eso me asusto en cuanto veo a lo lejos a un ciclista, y por eso respiro hondo cuando acabo el adelantamiento sin que haya ocurrido nada –hasta hoy y toco madera. Por eso también pito –pero únicamente cuando han sido rebasados- a quienes no usan el carril bici de al lado, a quienes van de cháchara o en grupo abierto, a quienes llevan niños o van sin casco,… a esos nada más –hasta hoy.

Y ruego a quien en estos días está trajinando Códigos penales más duros que piense antes si no sería mejor meter ya en el Código de la circulación la evidencia de que un ciclista en carretera es, más que un vehículo lento, un peatón rápido –y toco madera.