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JAÉN.- Larga ha sido la noche de espera para Andrés Bódalo en el Campamento Libertad. Al final, ha habido que esperar a las 9.30 horas para que llegara la policía al Portillo de San Jerónimo, donde se encuentra la sede del SAT y donde se montaron, ayer, varias tiendas de campaña. Noche de vigilia. Cinco policías de paisano le comunicaban al concejal de Jaén en Común que tenía que irse con ellos. En medio de una rueda de prensa, Diego Cañamero, quien ha sido durante mucho años secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores, del que es miembro Bódalo, ganaba tiempo y señalaba que  le tenían que dar una hora para despedirse de la familia y amigos. Así ha ocurrido. Pasadas las diez y media de la mañana, en medio del himno de Andalucía, entre gritos y lamentos de sindicalistas y simpatizantes del SAT, con los ojos llorosos, Bódalo abandonaba la sede,  acompañado por varios policías camino de comisaría para hacer, ahora efectivo, su ingreso en prisión y cumplir una  condena de 3 años y medio.

La Sección Segunda de la Audiencia de Jaén condenó en octubre del pasado año a Andrés Bódalo a tres años y medio de prisión y 1.800 euros de multa tras considerarlo culpable de un delito de atentado y una falta de lesiones. En el banquillo se sentaron Bódalo y otros 17 jornaleros acusados de agredir al entonces teniente de alcalde, el socialista Juan Ibarra. Sólo Bódalo y otros tres jornaleros más fueron condenados por estos hechos. La pena más alta fue para Bódalo por reincidencia, mientras que otros tres condenados se saldaron con un año de cárcel y  multas de 1.000 euros. Tras la sentencia condenatoria, Bódalo anunció el recurso de apelación al Tribunal Supremo. Sin embargo, un error de la procuradora que presentó el recurso en tiempo y forma llevó al Supremo a devolver el expediente a la Audiencia de Jaén para que ejecutara la sentencia. Aunque la defensa de Bódalo ha interpuesto un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional por supuesta vulneración de los derechos fundamentales, esto no conseguido parar la ejecución de la sentencia.

FOTOS: PERAGÓN

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