Publicidad

JAÉN.- ¿Qué diferencia hay entre el aceite de oliva y el aceite de oliva virgen extra? Pues depende de cómo se mire. En propiedades son casi como el día y la noche. Hablando en términos de calidad. Pero es algo que no se ve reflejado ni mucho menos en el precio. El profesor del Área de Márketing de la Universidad de Jaén, Francisco José Torres Ruiz, ha alertado de la desinformación que tiene el consumidor sobre la calidad de los aceites de oliva, lo que provoca que aceites con grandes diferencias en calidad puedan competir en el mercado a precios muy parecidos. Y lo han cuantificado en apenas 30 céntimos por litro.  Torres señala que se trata de un problema estructural, no coyuntural, que se viene arrastrando desde hace muchos años y que es “importante” solucionarlo porque pone en entredicho la política de calidad de los aceites españoles. El investigador considera que en las últimas décadas el sector productor y las administraciones públicas han hecho un gran esfuerzo por mejorar la calidad de los aceites, “pero nos tenemos que preguntar si ha servido para algo, debido a que la diferencia de precios entre calidades presenta una media de 0,3 euros, algo impensable en otros mercados, como por ejemplo el del vino”.

En su opinión, la solución pasa por una correcta información. A través del proyecto que desarrolla el Área de Márketing de la Universidad de Jaén denominado ‘Estrategias de mejora para la comercialización de los aceites de oliva’, proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía, se han detectado varios problemas. Uno de ellos está relacionado con la organización del mercado común de las materias grasas y las políticas de denominaciones seguidas hasta ahora, que en su opinión “no favorece para nada la comercialización de productos de calidad, porque el sistema actual confunde al consumidor en lugar de clarificar”.

“Hemos medido el conocimiento sobre aceite de oliva en el mercado y los resultados a nivel interno de España arrojan por ejemplo que la mayoría de consumidores piensan que el parámetro para medir la calidad de los aceites es la acidez, que la asocian a un sabor fuerte, y en el contexto del aceite de oliva no tiene nada que vez, con lo que habría que eliminar esa palabra de la información que se ofrece al consumidor. O no saben que un aceite de oliva es una mezcla de aceite de oliva virgen y refinado, y no entiendne qué es un refinado. La confusión es patente en ese sentido y mientras no se le aclare al consumidor, es difícil que éste valore un producto de calidad y esté dispuesto a pagar más por él”, declara.

En este sentido, Francisco José Torres aclara que ante el desconocimiento, el consumidor se rige por el precio y por la familiaridad de la marca. “Eso significa que tenemos aceites en el mercado que compiten al mismo nivel cuando son muy distintos en calidad. ¿Cómo se puede cambiar esto? Informando al consumidor”, concluye.