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JAÉN.- Sobre las once y media de la mañana llegaba Rafael L. al juzgador número 3 de lo penal donde se ha juzgado su causa por el atropello mortal a José Luis López y su posterior fuga. Desde ese día llevaba en prisión esperando un juicio que se ha celebrado, esta mañana, cuando se cumplen 4 meses y un día del trágico suceso. Una hecho que consternó a una ciudad entera. Eran casi las siete de la mañana cuando en un paso de peatones de la calle Juan Montilla un vehículo se llevaba por delante a un jiennense de 49 años. A escasos centímetros estaba, también, una trabajadora de una tienda cercana que salvó la vida de milagro. Ha sido la principal testigo de este suceso. Aunque se esperaba con atención la declaración de Rafael y los otros dos amigos que iban con él en el coche. Rafael ha pedido perdón a la familia por un suceso desagradable y desafortunado. Asegura que aunque había pasado toda la noche de botellón él no había bebido nada de alcohol, solo refrescos, y que la luna se encontraba empañada y no se veía nada por la persistente lluvia que caía en ese momento.  Ha subrayado que no fue consciente de nada en ese momento y que salió huyendo porque se asustó muchísimo. Alega que metros más adelante se bajaron del vehículo los dos amigos con los que iba ya que uno de ellos accionó el freno de mano haciendo derrapar el coche.

Eso sí, ha matizado que circulaba a una velocidad «normal» y que lo único que vió fue un destello verde en el semáforo.  «Ojalá lo hubiera visto y lo hubiera esquivado», ha dicho el acusado que ha insistido en que en el momento del suceso entró en estado de shock, el corazón le iba a reventar y se puso muy nervioso por lo que su decisión, tras bajarse sus amigos del coche, fue la de «irme a casa para contárselo todo a mi padre». El acusado se personó en la Comisaría de la Policía Nacional casi siete horas después del suceso, una vez que los agentes ya habían hablado con el padre de Rafael L. R. tras identificar a su hijo como el autor del atropello mortal. El vehículo fue localizado en la cochera de la casa con parte de la luna totalmente astillada por el impacto del cuerpo del fallecido.

Los dos amigos que le acompañaban en el coche han coincidido en afirmar que circulaban a una «velocidad normal» y que a pesar de haber estado de «botellón» apenas habían ingerido alcohol. Uno de ellos asegura haber visto «una sombra» cuando llegaban al paso de cebra, pero que todo fue muy rápido y no le dio tiempo a avisar al acusado, pero fue tarde y «pasó lo que pasó».  Sin embargo, la testigo que se cruzó con la víctima en el paso de peatones y que se libró por segundos de ser atropellada ha reiterado en su declaración en el juicio que el semáforo estaba verde para peatones y que ella se volvió al oír un coche que venía «a gran velocidad» en una vía en la que el límite de velocidad es de 50 kilómetros por hora.

Dentro de las pruebas periciales los policías no han podido definir la velocidad que llevaba el vehículo ya que la lluvia había borrado muchas de las marcas de los neumáticos pero que algunas pertenencias de la víctima fueron encontradas a más de diez metros de distancia del lugar del impacto detrás de una tapia. «No podemos decir a que velocidad circulaba, pero en todo caso fue  inadecuada si se tiene en cuenta que todavía era de noche y que llovía», ha dicho uno de los agentes que han declarado en la vista.

El Ministerio Fiscal ha modificado su calificación inicial para introducir el delito de conducción temeraria en concurso con el delito de homicidio por imprudencia grave, además del de omisión del deber de socorro. Por todos estos delitos, la Fiscalía ha reclamado durante la vista seis años de cárcel para el acusado y el pago de una indemnización de 200.000 euros. Las acusaciones particulares que representan a la mujer e hija del fallecido, así como a la madre de la víctima han solicitado por estos mismos delitos penas que oscilan entre los siete y los ocho años de prisión.